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Página principal: Reuniones Anuales: 2002: Resumen Ejecutivo
Reuniones Anuales

Resumen Ejecutivo

Diversidad Cultural en los Países en Desarrollo: los Desafíos de la Globalización.

Introducción

En la última reunión de la RIPC celebrada en Lucerna (Suiza) el año pasado, anunciamos que el tema para la reunión de este año en Sudáfrica sería "Diversidad cultural en los países en desarrollo: los desafíos de la globalización". Si examinamos los acontecimientos que se han producido en fecha reciente en el escenario internacional, no podíamos haber escogido un tema más adecuado. La reunión de ministros la OMC celebrada en Doha (Qatar) en noviembre de 2001 y la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo reafirmaron la necesidad urgente de buscar soluciones a determinados problemas que afectan a los países en desarrollo. En las negociaciones comerciales de la OMC, la actual ronda de negociaciones ha sido denominada la "Ronda de Desarrollo".

Diversidad cultural y desarrollo

Los productos de los países en desarrollo deben hacer frente no sólo a la falta de acceso a los mercados de los países occidentales ricos, sino también a la gran fuerza de esos mercados, tanto a nivel de infraestructuras como económico. De igual modo, una de las áreas que reviste gran importancia para los países en desarrollo, sobre todo los africanos, es el acceso a los mercados para su gama completa de productos culturales. Contar con ese acceso permitiría fomentar políticas culturales nacionales y contrarrestar, por lo menos en parte, su fuerte dependencia de las exportaciones de productos primarios. Es necesario contar con una política cultural nacional que promueva y garantice el comercio de productos culturales para crear nuevas formas culturales y mantener la integridad de la producción cultural como foro de creatividad y desarrollo social.

Es importante reconocer que las definiciones de diversidad cultural varían considerablemente tanto de una sociedad a otra como dentro de cada sociedad, y que para un gran número de personas la diversidad cultural engloba todos los valores, instituciones y comportamientos dentro de una sociedad, así como la diversidad de las comunidades humanas y biológicas puesto que existe un vínculo fundamental entre las dos. Para expresarlo con sencillez, la diversidad cultural es la expresión positiva del objetivo general de impedir el desarrollo de un mundo uniforme mediante la promoción y el apoyo de todas las culturas del mundo. En este sentido, la diversidad cultural es algo que existe y necesita ser promovido y protegido, y al mismo tiempo, algo que todavía hay que lograr. Esta forma de entender la diversidad cultural trasciende la concepción de quienes consideran la identidad étnica desde una perspectiva limitada y tiene en cuenta los legados del racismo y el proceso de desarrollo, teniendo en consideración las historias de desplazamiento y los siglos de migraciones y movimientos de grupos humanos.

Es posible que algunos consideren la diversidad cultural como una cuestión de poca importancia que no justifica dedicarle demasiados recursos y tiempo. Sin embargo, para muchos países en desarrollo, la diversidad cultural es, precisamente, una cuestión de decisiva importancia. La diversidad cultural es un componente clave del desarrollo ya que promueve la cohesión social, la construcción de naciones, la identidad y el orgullo. La diversidad cultural constituye asimismo para una nación un recurso estratégico, y si se promueve con éxito, puede crear prosperidad (crecimiento, productividad y empleo) para el país. La diversidad cultural se expresa en los productos y resultados de distintos sectores de la sociedad y garantiza la existencia de una diversidad de contenido nacional y extranjero.

En nuestro mundo caracterizado por la globalización, promover y proteger la diversidad cultural ofrece también a los depositarios de una cultura única la capacidad de formar parte de un mundo globalizado o adaptarse a él, de acuerdo con sus propios parámetros y no con los de una cultura dominante. Se trata de un factor fundamental para que los países en desarrollo o los países en transición participen con éxito en la economía mundial. Resulta imprescindible asimismo para la capacidad de las economías regionales/locales de resistir las influencias negativas de las fuerzas económicas extranjeras y los consiguientes problemas sociales y clima de dependencia.

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Diversidad cultural y cohesión social

La historia del mundo abunda en luchas religiosas, guerras civiles y tensiones étnicas. Este fenómeno es, y ha sido, en gran medida el resultado de la ausencia o rechazo de la expresión cultural libre encarnada en la diversidad cultural. Si bien estas tensiones se encuentran tanto en los países desarrollados como en desarrollo, sus efectos en los países en desarrollo son más graves debido a su infraestructura social y económica. Por lo tanto, la diversidad cultural está indisolublemente vinculada a los objetivos económicos, sociales, políticos y de desarrollo de un país, y no es posible separarla de ellos.

Se ha establecido ya con claridad el vínculo existente entre el desarrollo social y económico y la diversidad cultural. El Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de 1995 de la UNESCO titulado "Nuestra diversidad creativa" puso de manifiesto el reconocimiento e importancia de la diversidad cultural para el desarrollo social y económico. Esto supuso un importante cambio respecto a los puntos de vista que prevalecían hasta entonces y según los cuales la cultura constituía un obstáculo para el desarrollo. Instituciones multilaterales como el FMI y el Banco Mundial están empezando a reconocer este hecho.

Los países en desarrollo se enfrentan a menudo a enormes desafíos de desarrollo y entre sus prioridades no figuran necesariamente la promoción y protección de la diversidad cultural. Si se toma Sudáfrica a modo de ejemplo, sus prioridades de desarrollo comprenden cuestiones de reconstrucción, construcción de la nación, transformación, cohesión social, cumplimiento de las necesidades básicas (agua, vivienda, electricidad, alimentos) etc. Éstas son las máximas prioridades para el país. No obstante, nuestra constitución es bastante categórica al respecto y contiene principios clave que subyacen a la diversidad, por ejemplo, su posición en materia de idiomas, género, minorías étnicas, etc.

La Constitución de Sudáfrica prevé la creación de una comisión sobre el género a fin de garantizar que las cuestiones de género sean tomadas con seriedad y que se elimine la discriminación de género. Otro ejemplo es la Comisión para la Juventud, establecida para encargarse de las cuestiones que afectan a los jóvenes. Asimismo tenemos una Comisión Lingüística Pansudafricana (PANSALB, por sus siglas en inglés), que tiene por mandato promover y proteger nuestra diversidad lingüística. La Comisión de Derechos Humanos fue creada con la misión de supervisar y evaluar el cumplimiento de los principios de derechos humanos por parte de los órganos estatales, la sociedad civil y el sector privado. En fecha reciente hemos aprobado una ley sobre diversidad de los medios de difusión, cuyo objetivo es garantizar que los medios de difusión reflejen y den expresión a todos los ámbitos de nuestra sociedad diversa.

En un gran número de países en desarrollo la promoción y protección de la cultura se ha visto favorecida en ocasiones en detrimento de la diversidad cultural. Como punto de partida de este documento adoptamos el punto de vista según el cual la diversidad cultural del mundo es una fuente de gran riqueza, y la promoción y protección de la diversidad cultural puede ser un factor que contribuya a la cohesión social y el desarrollo mundial.

Políticas culturales

En los países en desarrollo, el papel de la cultura en las políticas de desarrollo no está consolidado. Este hecho conlleva varios problemas: primeramente, las políticas culturales no están consolidadas como políticas públicas y, en segundo lugar, el sector cultural no ejerce la suficiente influencia en la orientación de las políticas de desarrollo y, de hecho, no lo hará hasta que no se vea fortalecido como sector. El sector cultural tampoco se transformará y evolucionará con el desarrollo. Esto es así a pesar de que los sectores culturales contribuyen de forma masiva al logro de los objetivos de desarrollo, incluidos el acceso a la información, la difusión de los valores e ideas culturales, la construcción de naciones y la cohesión social.

Los trabajos de investigación revelan que los países en desarrollo poseen una amplia y variada gama de talentos y patrimonio cultural, y presentan un desarrollo sumamente desigual de los sectores culturales y las industrias culturales en sus economías nacionales. No obstante, en muchos casos estos sectores e industrias culturales han sido capaces de sobrevivir a pesar de la falta de políticas culturales en sus respectivos países.

La existencia de políticas culturales en países en desarrollo ofrecería al gobierno un amplio marco para dotarse de herramientas a fin de:

  1. promover y conservar el patrimonio natural y cultural;
  2. apoyar la expresión artística;
  3. ofrecer apoyo a la expresión creativa y el diálogo;
  4. garantizar el crecimiento y florecimiento de las industrias creativas.

De ese modo, los gobiernos crearán las condiciones necesarias para el florecimiento de la diversidad cultural y establecerán el contexto para lograr esa diversidad. Los gobiernos tienen la responsabilidad de facilitar un debate y práctica nacional que sustente y apoye las políticas culturales. En ese debate nacional deben participar artistas, intelectuales y profesionales del mundo cultural a fin de garantizar que se asuma un compromiso nacional sólido para con los valores de la cultura o culturas de cada país y su desarrollo.

De igual modo que se necesitan políticas de conservación de la diversidad biológica que garanticen la protección de los ecosistemas naturales y la diversidad de especies, únicamente la adopción de políticas culturales adecuadas puede garantizar la protección de la diversidad creativa frente a los riesgos de una única cultura homogeneizadora. El argumento de la exención cultural no es sino uno de los medios posibles para lograr este objetivo de promover la diversidad cultural. Es necesario reconocer que estos bienes y servicios culturales (libros, música, juegos multimedios, películas y medios audiovisuales) son diferentes de otros bienes y servicios, por lo que merecen recibir un trato diferente y/o excepcional que los distinga de los productos estandarizados del consumo de masas. Evidentemente, para ello sería necesario que existiera un trato diferenciado en los acuerdos comerciales internacionales, así como marcos reglamentarios sólidos y eficaces para redefinir las políticas culturales y orientarlas a la promoción y desarrollo de las industrias culturales.

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Las industrias culturales en los países en desarrollo

En los países en desarrollo, los talentos artísticos y el patrimonio cultural nacional no son plenamente explotados comercialmente. Su contribución a la creación de puestos de trabajo locales y los ingresos del comercio internacional es limitada. En la mayoría de los países en desarrollo el sector cultural está en cierta medida descuidado, a diferencia de lo que ocurre en los países en desarrollo, en los que este sector contribuye con un importante porcentaje al producto nacional bruto. Sin embargo, existen numerosos ejemplos de creaciones artísticas o productos culturales profundamente arraigados en el patrimonio cultural de los países en desarrollo que han superado las fronteras y han establecido importantes mercados en un gran número de países industrializados. Se trata, entre otros, de la música de África y América Latina, las esculturas de inspiración africana, los artículos textiles y moda de África y América Latina, los documentales de vídeo y los bailes africanos. No obstante, a menudo la comercialización de estas transferencias culturales no ha beneficiado a los países de origen.

Las industrias culturales pueden desempeñar un papel más importante en las economías de estos países si cuentan con el apoyo del gobierno, mediante políticas culturales claramente definidas y medidas adecuadas para promover los distintos sectores y, sobre todo, para fomentar lo que podríamos llamar iniciativas de empresas culturales. Las iniciativas de empresas culturales hacen hincapié en la sostenibilidad de la empresa (ya sea mediante el apoyo de entidades financiadoras o la generación de ingresos) y se proponen lograr objetivos de carácter social y cultural (como la plena participación de la mujer en la sociedad) y no necesariamente beneficios económicos. A menudo las mujeres participan como principales productoras de numerosos productos culturales, especializándose a veces en un determinado arte, proceso o servicio. No obstante, a menudo se ven obligadas a vender y comercializar sus productos a través de intermediarios y cadenas de suministro dominadas por los hombres. Existe la oportunidad de potenciar el papel de estas productoras de productos culturales y garantizar que generen ingresos decentes con sus esfuerzos productivos, así como conectarlas con oportunidades de mercado.

Esta realidad difiere de la de los países desarrollados, en los que los talentos artísticos, que están profundamente arraigados en el patrimonio cultural nacional, son plenamente explotados por una amplia gama de personas y compañías en beneficio tanto de los propios artistas como de sus respectivas economías nacionales. En esos países, los artistas tienen a su disposición sofisticados mecanismos de apoyo y pueden solicitar la ayuda de agentes a fin de crear un mercado. Los fabricantes y canales de distribución garantizan la comercialización de las creaciones de un artista. Las asociaciones sectoriales de artistas ejercen presión en nombre de sus miembros para ayudarles a adquirir los derechos otorgados a otros trabajadores (sociales, de seguridad, prestaciones de desempleo, pensión, etc.). Las creaciones artísticas están protegidas contra copias por organizaciones nacionales de propiedad intelectual. Por otra parte, una extensa red de organizaciones públicas y privadas fomentan y protegen la creación artística y, en muchos casos, ayudan a proteger el patrimonio cultural.

Una grave consecuencia de la limitada comercialización de creaciones culturales y artísticas tanto en el mercado nacional como internacional es el empobrecimiento gradual del patrimonio cultural de los países. La razón para ello es que las personas con talento pueden no sentirse atraídas a emprender una carrera de artista, músico, cineasta o artesano, arraigada en el patrimonio cultural del país, si no van a poder vivir decentemente de ello. Son muchos los factores que pueden explicar esta situación, entre otros:

  1. La demanda limitada del mercado nacional, consecuencia del escaso poder adquisitivo de la mayoría de la población, lo cual no permite crear las economías de escala necesarias para la comercialización local de creaciones artísticas y culturales, y por extensión, su exportación en condiciones que sean ventajosas para el país.
  2. La capacidad limitada para adaptar las creaciones artísticas y bienes "culturales" a las características de demanda en los países industrializados y a la demanda, en constante evolución, de los mercados nacionales.
  3. Las limitaciones de la producción, infraestructura comercial y de distribución, incluido el acceso a publicidad internacional. Esto es el resultado directo de la escasez de inversiones nacionales y extranjeras en el sector cultural de los países en desarrollo, así como de la ausencia de marcos de políticas culturales claramente definidas y dotadas de financiamiento en los países en desarrollo. Paradójicamente, algunos países en desarrollo utilizan escasas operaciones cambiarias para importar producciones artísticas basadas en sus propias culturas y/o producidas por sus propios ciudadanos (por ej.: CD ROMs de música).

Una combinación de factores, a saber, la gran influencia ejercida por algunas culturas extranjeras en los jóvenes, quienes llegan a considerar su propia cultura como inferior a las extranjeras, y las condiciones más atractivas que ofrecen los países industrializados a los artistas locales y que les inducen a inmigrar a dichos países, ha dado lugar a una "fuga de talentos". Este fenómeno se produce tanto entre los países desarrollados y en desarrollo como dentro de las regiones del mundo en desarrollo.

En la región del SADC (Comunidad de Desarrollo del África Meridional) existen ejemplos inspiradores que muestran claramente que las personas y empresas pueden superar las limitaciones antes mencionadas y tener éxito en la comercialización de creaciones artísticas tanto en el mercado nacional como internacional, sobre todo en los campos de la música, el cine, la producción de vídeos, las artes visuales, la artesanía, las artes interpretativas y el baile.

En resumen, algunas de las características más destacadas en los países en desarrollo son:

  1. Los países en desarrollo cuentan con un patrimonio cultural y productos culturales, pero no tienen necesariamente industrias culturales plenamente desarrolladas.
  2. Los países en desarrollo no poseen el capital necesario para crear infraestructuras competitivas en el sector cultural, sobre todo en lo referente a la distribución de productos culturales.
  3. Los países en desarrollo apenas acaban de comenzar a buscar soluciones a los desafíos de establecer infraestructuras culturales y mediáticas allí donde la infraestructura tecnológica básica no existe o está subdesarrollada.
  4. Los países en desarrollo, en particular los de la región del SADC, cuentan con numerosas iniciativas centradas en las artes, la música, el cine, el teatro, la danza y los festivales, si bien carecen de las medidas y marcos de políticas culturales necesarios para apoyar esos sectores. No obstante, existe también una dicotomía entre la adopción de políticas y su aplicación.

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Los efectos de la globalización en la diversidad cultural de los países en desarrollo

La globalización tiene efectos positivos y negativos en la capacidad de los países en desarrollo para lograr sus objetivos de política cultural. Las repercusiones adversas para la diversidad cultural consisten principalmente en el efecto homogeneizador de la globalización que da forma a una conciencia colectiva de "modernidad".

Es importante señalar que las industrias culturales todavía no son un elemento importante de las economías de los países en desarrollo. Sin embargo, esos mismos países han aceptado la tendencia hacia mercados más abiertos y hacia el "libre" comercio. En particular, reconocen la necesidad de garantizar la predictibilidad y seguridad en un contexto basado en reglas. Esto significa que no es posible elaborar y aplicar políticas culturales nacionales de forma aislada y, de hecho, desafía a los gobiernos a negociar acuerdos comerciales que reconozcan la diversidad cultural y el carácter particular de los bienes y servicios culturales.

La globalización influye en los países en desarrollo debido a los cambios en la propiedad y control de los medios de difusión, infraestructura de telecomunicaciones y el nivel de conectividad de la población, y como consecuencia de la mayor circulación de artistas, productores culturales y turistas. La globalización también afecta la gama de instrumentos utilizados por los gobiernos para proteger y promover la diversidad de la expresión cultural. Uno de los efectos positivos de la tecnología para los países en desarrollo es, por ejemplo, las mejoras de los medios de comunicación e interacción gracias a la existencia de tecnologías de redes poco costosas y de Internet. Otras tecnologías, como las utilizadas para grabar música y vídeos y editar vídeos, son actualmente menos costosas y más sencillas. Algunos aspectos de la globalización pueden ayudar a fomentar la diversidad cultural, como por ejemplo la interacción que trasciende las fronteras y que permite una mezcla de culturas en determinados lugares y prácticas; el hecho de que los flujos culturales se produzcan de forma diferente en distintas esferas y que puedan iniciarse en un gran número de lugares; las reacciones y resistencia a que da lugar la integración, la difusión de ideas e imágenes y el abanico de interpretaciones de las normas o prácticas mundiales desde la tradición local.

Entre los efectos negativos se incluyen una convergencia acelerada de los contenidos de entretenimiento, la "fuga" de talentos, la consolidación de la industria y la internacionalización de producción en las obras audiovisuales que afectan tanto a la propiedad como al contenido cultural. En respuesta a esta situación, la política de Sudáfrica relativa a la propiedad de los medios de difusión establece un límite del 20 % a la propiedad extranjera en el sector de la radiodifusión, mientras que en la prensa escrita los reglamentos son menos restrictivos. En su calidad de país en desarrollo, Sudáfrica se ve sometido a la presión e influencia de la globalización dado que hasta el 90 % de su paisaje mediático está ocupado por medios de difusión que no son sudafricanos. Su sistema de radiodifusión (tanto de radio como de televisión) cuenta con una alta concentración de medios extranjeros, sobre todo emisiones importadas de Estados Unidos. Además, un hecho que reviste todavía mayor importancia es la pérdida de identidad, espíritu comunitario, estima personal y del sentimiento de pertenecer a la propia cultura. No cabe duda de que la existencia de una política cultural sólida promoverá los sectores de los medios de difusión locales e indígenas para que puedan competir en el escenario mundial.

No obstante, además de estos efectos adversos, la globalización presenta otras dinámicas interesantes que pueden ofrecer oportunidades o, como mínimo, plantear desafíos a los países en desarrollo. Se trata, por ejemplo, de las numerosas plataformas para difundir contenidos, la convergencia de telecomunicaciones, el crecimiento exponencial de las industrias informáticas y de contenidos, la propiedad vertical y horizontal (múltiples medios de comunicación), el mayor conocimiento y preocupación sobre la competencia y los derechos de autor, la tendencia a las megafusiones, la ampliación y limitación de las opciones de consumo y la diversidad de contenido, y la creación y control de contenido. Todas estas dinámicas presentan al mismo tiempo oportunidades y amenazas para el sector cultural. Las oportunidades residen en el aumento de las posibilidades para generar y producir contenido creativo, la importante mejora de la capacidad de distribución y promoción para los productos culturales, y el hecho, sencillo pero al mismo tiempo revolucionario, de la interactividad que permite a todos los consumidores convertirse también en creadores/productores de valores y productos culturales. Estas oportunidades son menos importantes en los países en desarrollo, aunque siguen estando al alcance de los productores culturales. No obstante, ciertos aspectos de la globalización, como las nuevas tecnologías de la información, también permiten aumentar el diálogo y comunicación entre las culturas, posibilitando una mejor comprensión y un mayor respeto de la diversidad cultural y permitiendo su expresión.

Por otra parte, las amenazas que presenta la globalización son más importantes para los países en desarrollo. Se manifiestan en la existencia de una "brecha digital" masiva e invalidante tanto a nivel nacional como internacional, en la que, como afirma Guiomar Alonso de la UNESCO, 96 % de la población mundial no tiene acceso a Internet y 50 % nunca ha hecho una llamada telefónica. Estas gigantescas desigualdades en la distribución del acceso a las comunicaciones y en la capacidad digital representan quizás el problema más acuciante en materia de infraestructura con relación al nuevo ámbito contemporáneo de la política cultural y pone de relieve la necesidad de reflexionar y actuar de manera coordinada a nivel político entre los sectores de la industria, comunicaciones, desarrollo comunitario y cultura.

Los desafíos que plantea la globalización para la protección de la cultura tradicional y la sostenibilidad de las prácticas tradicionales son también ambiguos. A nivel internacional existe preocupación entre los detractores del etnoturismo, quienes consideran que éste socava el patrimonio y la espiritualidad, y los reduce a un espectáculo trivializado para el turismo mundial. Los defensores del etnoturismo refutan este argumento señalando que el turismo cultural tiene numerosos efectos benéficos, entre los que destacan la revitalización del interés cultural, la generación de ingresos y la creación de puestos de trabajo. No obstante, esta exposición a la demanda mundial y al turismo mundial está llena de peligros. De igual modo que ocurre con el patrimonio, el turismo mundial puede representar una amenaza a los derechos de propiedad intelectuales y conocimientos indígenas, tecnologías tradicionales, religiones, lugares sagrados, relaciones y estructuras sociales, fauna y flora silvestres, ecosistemas, economía y derechos fundamentales a una comprensión informada, al hacer de los pueblos indígenas un producto más de consumo que se está agotando con rapidez.

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¿Qué tipo de instrumento necesitarían los países en desarrollo para promover y proteger la diversidad cultural?

La RIPC está elaborando actualmente un instrumento internacional para promover y proteger la diversidad cultural. Este documento ha subrayado una serie de inquietudes para los países en desarrollo. Cualquier instrumento que se elabore deberá responder a las prioridades e inquietudes de desarrollo de tal modo que ayude a los países en desarrollo a fortalecer su capacidad para responder a sus prioridades de desarrollo y lograr sus objetivos de políticas culturales.

Un gran número de países en desarrollo siguen considerando que el desarrollo social y económico es diferente a la diversidad cultural y está aislado de ella, y que incluso en ocasiones es contrario a la diversidad cultural. En consecuencia, no se asignan recursos, presupuesto ni personal al componente de política cultural del gobierno, ni tampoco se establece una conexión entre otros componentes de desarrollo más tradicionales y los programas y principios de políticas culturales. Muchos países en desarrollo carecen de un marco de políticas culturales claramente definido que oriente la labor del gobierno en materia de patrimonio, museos, diversidad lingüística y artes visuales e interpretativas hacia las actividades más comerciales de las industrias culturales. El instrumento debería ofrecer a los gobiernos que desean promover y proteger la diversidad cultural un conjunto de pautas para hacerlo. El instrumento debería tener en cuenta las diferencias en la capacidad de los países en desarrollo para cumplir estos acuerdos y, al mismo tiempo, fomentar la elaboración de un marco de políticas culturales claramente definido en esos países.

Como prolongación de lo anterior, es necesario que el instrumento reconozca y tenga en cuenta tanto los marcos de políticas culturales futuras, como las medidas culturales futuras que todavía no se han especificado. Es importante asimismo que el instrumento impulse a los estados miembros a adoptar medidas que garanticen el progreso de la expresión cultural nacional. Debería incluir plazos para el cumplimiento de esas obligaciones. A fin de que el instrumento sea eficaz, es necesario que imponga obligaciones a las partes signatarias e incluya mecanismos de ejecución.

Una de las funciones clave del instrumento es ofrecer un marco de apoyo (financiero y conocimientos técnicos) y cooperación entre el Norte y el Sur, el Sur y el Sur (por ej.: Sudamérica y África del Sur), los países que pertenezcan a una región determinada (por ej. SADC, Mercosur) y los países con una afinidad cultural específica (por ej.: todos los países lusófonos). Se ha descubierto que el establecimiento de observatorios culturales facilita en gran medida la elaboración y evaluación de políticas, por lo que se trata de una medida que podría apoyarse para lograr estos objetivos.

Asimismo, el instrumento debe afirmar la importancia de promover la expresión cultural nacional y de mantener una actitud abierta con el resto de culturas. Este espíritu de apertura es inherente al concepto de la diversidad cultural. Por consiguiente, descarta la xenofobia o exclusividad cultural en las políticas nacionales. De esta forma el instrumento puede funcionar como un principio rector para los países en desarrollo que todavía no hayan elaborado una política cultural coherente.

La elaboración de políticas sobre diversidad cultural debe tener en cuenta las disparidades existentes a nivel mundial que pueden afectar directamente las industrias culturales en los países en desarrollo. La promoción de la diversidad cultural no pretende profundizar aún más esas disparidades sino precisar las condiciones en las que puede fomentarse la creatividad y el diálogo intercultural. Un instrumento que aborde la diversidad cultural y la globalización debe tener en cuenta los agentes de los productores culturales y los intermediarios. Todos los días los agentes culturales toman decisiones sobre qué comunicar y exportar, qué importar e incorporar, cuándo cambiar sus consideraciones interculturales y seleccionar nuevos mercados y audiencias, y cuándo remodelar su propio repertorio cultural para consolidar o transformar sus tradiciones y patrimonios.

Sería importante garantizar que el objeto del instrumento no coincida con el de otros textos, declaraciones o arreglos. El instrumento debe tener en cuenta, por ejemplo, los derechos que ya están consagrados en otros textos y que los miembros ya están obligados concretamente a cumplir. Con ello se pretende evitar un duplicación o superposición de las sanciones que se impongan a los miembros que no respetan los derechos humanos o los derechos de libertad de expresión e información. Asimismo, es importante simplificar el sistema de obligación.

Una cuestión decisiva para el instrumento es evitar que profundice el desigual nivel de desarrollo entre los países desarrollados y los países en desarrollo. Esta situación podría surgir, por ejemplo, si el instrumento estipulara la obligación de los gobiernos de reservar apoyo financiero a organizaciones o grupos culturales, promover y desarrollar sus industrias creativas o promover y proteger su patrimonio cultural. En este caso, los países en desarrollo podrían encontrarse en una posición aún más desventajosa dado que los países desarrollados pueden garantizar este apoyo financiero mientras que los países en desarrollo no pueden, por el momento, ofrecer subvenciones a sus sectores e industrias culturales.

Por otra parte, el instrumento deberá prestar atención especial a las cuestiones relativas a los medios de difusión. Así, podría estipular la adopción de medidas e instrumentos políticos que promuevan la capacidad de los países en desarrollo de producir una variedad de productos y servicios audiovisuales a nivel local e internacional, e incluir propuestas de marcos estratégicos precisos que puedan orientar e informar las políticas o programas audiovisuales entre los países desarrollados por una parte, y los países en desarrollo y estados miembros de economías en transición por otra. Es importante identificar industrias audiovisuales como vehículos para transmitir patrimonio intangible que reviste gran importancia para los valores culturales, identidad y experiencias comunes de los países en desarrollo, y que, por lo tanto, no es posible considerar como meros productos comerciales del mercado. La influencia de los cambios tecnológicos y la forma en que pueden beneficiar a los países en desarrollo son aspectos que podrían abordarse subrayando de qué modo la nueva tecnología ofrecerá a las naciones en desarrollo la oportunidad de llegar a nuevos mercados y nuevas audiencias, e identificando mercados para suministrar servicios audiovisuales a escala mundial.

El instrumento debe fortalecer la cooperación internacional entre el Norte y el Sur, así como entre los países en desarrollo más fuertes dentro de una determinada región y el resto de países de esa región (por ej.: Sudáfrica en la región del SADC, México en la región del Mercosur) a fin de superar el desequilibrio estructural en los intercambios culturales. Para ello, el instrumento puede garantizar que se incorpore una obligación de apoyo financiero en la cooperación y solidaridad, así como de asistencia técnica y mecanismos de apoyo por parte de las naciones "más ricas" hacia los países "en desarrollo" y las "economías en transición". Esto comprende específicamente la elaboración de una cartera permanente de programas ejemplares que permitan difundir y aprender las mejores prácticas de estados miembros que ocupen posiciones similares. Cada país tendría que coordinar a los actores del sector privado, el gobierno y el sector no gubernamental a fin de aprovechar y apoyar los esfuerzos existentes de forma práctica. Habida cuenta de la diversidad de condiciones existentes en los países en desarrollo, las estructuras de gobierno tendrían que reconocer las distintas necesidades de todos los países y establecer un continuo de intervención en los países en desarrollo.

Por último, el presente documento pone de relieve que en el origen de la diversidad cultural está la necesidad de expresar experiencias discrepantes del proceso de interdependencia mundial. Más concretamente, se trata de la necesidad de protegerse contra la aleatoriedad y dispersión manifiestas de la cultura en el contexto de los nuevos procesos de liberalización del comercio. La elaboración de un instrumento que haga frente a las presiones que ejerce el proceso de liberalización comercial en la diversidad cultural debe demostrar su compromiso con la articulación de estas historias discrepantes.

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