Resumen Ejecutivo
Diversidad Cultural en los Países en Desarrollo: los Desafíos
de la Globalización.
Introducción
En la última reunión de la RIPC celebrada en Lucerna
(Suiza) el año pasado, anunciamos que el tema para la reunión
de este año en Sudáfrica sería "Diversidad
cultural en los países en desarrollo: los desafíos
de la globalización". Si examinamos los acontecimientos
que se han producido en fecha reciente en el escenario internacional,
no podíamos haber escogido un tema más adecuado. La
reunión de ministros la OMC celebrada en Doha (Qatar) en
noviembre de 2001 y la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible
en Johannesburgo reafirmaron la necesidad urgente de buscar soluciones
a determinados problemas que afectan a los países en desarrollo.
En las negociaciones comerciales de la OMC, la actual ronda de negociaciones
ha sido denominada la "Ronda de Desarrollo".
Diversidad cultural y desarrollo
Los productos de los países en desarrollo deben hacer frente
no sólo a la falta de acceso a los mercados de los países
occidentales ricos, sino también a la gran fuerza de esos
mercados, tanto a nivel de infraestructuras como económico.
De igual modo, una de las áreas que reviste gran importancia
para los países en desarrollo, sobre todo los africanos,
es el acceso a los mercados para su gama completa de productos culturales.
Contar con ese acceso permitiría fomentar políticas
culturales nacionales y contrarrestar, por lo menos en parte, su
fuerte dependencia de las exportaciones de productos primarios.
Es necesario contar con una política cultural nacional que
promueva y garantice el comercio de productos culturales para crear
nuevas formas culturales y mantener la integridad de la producción
cultural como foro de creatividad y desarrollo social.
Es importante reconocer que las definiciones de diversidad cultural
varían considerablemente tanto de una sociedad a otra como
dentro de cada sociedad, y que para un gran número de personas
la diversidad cultural engloba todos los valores, instituciones
y comportamientos dentro de una sociedad, así como la diversidad
de las comunidades humanas y biológicas puesto que existe
un vínculo fundamental entre las dos. Para expresarlo con
sencillez, la diversidad cultural es la expresión positiva
del objetivo general de impedir el desarrollo de un mundo uniforme
mediante la promoción y el apoyo de todas las culturas del
mundo. En este sentido, la diversidad cultural es algo que existe
y necesita ser promovido y protegido, y al mismo tiempo, algo que
todavía hay que lograr. Esta forma de entender la diversidad
cultural trasciende la concepción de quienes consideran la
identidad étnica desde una perspectiva limitada y tiene en
cuenta los legados del racismo y el proceso de desarrollo, teniendo
en consideración las historias de desplazamiento y los siglos
de migraciones y movimientos de grupos humanos.
Es posible que algunos consideren la diversidad cultural como
una cuestión de poca importancia que no justifica dedicarle
demasiados recursos y tiempo. Sin embargo, para muchos países
en desarrollo, la diversidad cultural es, precisamente, una cuestión
de decisiva importancia. La diversidad cultural es un componente
clave del desarrollo ya que promueve la cohesión social,
la construcción de naciones, la identidad y el orgullo. La
diversidad cultural constituye asimismo para una nación un
recurso estratégico, y si se promueve con éxito, puede
crear prosperidad (crecimiento, productividad y empleo) para el
país. La diversidad cultural se expresa en los productos
y resultados de distintos sectores de la sociedad y garantiza la
existencia de una diversidad de contenido nacional y extranjero.
En nuestro mundo caracterizado por la globalización, promover
y proteger la diversidad cultural ofrece también a los depositarios
de una cultura única la capacidad de formar parte de un mundo
globalizado o adaptarse a él, de acuerdo con sus propios
parámetros y no con los de una cultura dominante. Se trata
de un factor fundamental para que los países en desarrollo
o los países en transición participen con éxito
en la economía mundial. Resulta imprescindible asimismo para
la capacidad de las economías regionales/locales de resistir
las influencias negativas de las fuerzas económicas extranjeras
y los consiguientes problemas sociales y clima de dependencia.
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Diversidad cultural y cohesión social
La historia del mundo abunda en luchas religiosas, guerras civiles
y tensiones étnicas. Este fenómeno es, y ha sido,
en gran medida el resultado de la ausencia o rechazo de la expresión
cultural libre encarnada en la diversidad cultural. Si bien estas
tensiones se encuentran tanto en los países desarrollados
como en desarrollo, sus efectos en los países en desarrollo
son más graves debido a su infraestructura social y económica.
Por lo tanto, la diversidad cultural está indisolublemente
vinculada a los objetivos económicos, sociales, políticos
y de desarrollo de un país, y no es posible separarla de
ellos.
Se ha establecido ya con claridad el vínculo existente
entre el desarrollo social y económico y la diversidad cultural.
El Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo
de 1995 de la UNESCO titulado "Nuestra diversidad creativa"
puso de manifiesto el reconocimiento e importancia de la diversidad
cultural para el desarrollo social y económico. Esto supuso
un importante cambio respecto a los puntos de vista que prevalecían
hasta entonces y según los cuales la cultura constituía
un obstáculo para el desarrollo. Instituciones multilaterales
como el FMI y el Banco Mundial están empezando a reconocer
este hecho.
Los países en desarrollo se enfrentan a menudo a enormes
desafíos de desarrollo y entre sus prioridades no figuran
necesariamente la promoción y protección de la diversidad
cultural. Si se toma Sudáfrica a modo de ejemplo, sus prioridades
de desarrollo comprenden cuestiones de reconstrucción, construcción
de la nación, transformación, cohesión social,
cumplimiento de las necesidades básicas (agua, vivienda,
electricidad, alimentos) etc. Éstas son las máximas
prioridades para el país. No obstante, nuestra constitución
es bastante categórica al respecto y contiene principios
clave que subyacen a la diversidad, por ejemplo, su posición
en materia de idiomas, género, minorías étnicas,
etc.
La Constitución de Sudáfrica prevé la creación
de una comisión sobre el género a fin de garantizar
que las cuestiones de género sean tomadas con seriedad y
que se elimine la discriminación de género. Otro ejemplo
es la Comisión para la Juventud, establecida para encargarse
de las cuestiones que afectan a los jóvenes. Asimismo tenemos
una Comisión Lingüística Pansudafricana (PANSALB,
por sus siglas en inglés), que tiene por mandato promover
y proteger nuestra diversidad lingüística. La Comisión
de Derechos Humanos fue creada con la misión de supervisar
y evaluar el cumplimiento de los principios de derechos humanos
por parte de los órganos estatales, la sociedad civil y el
sector privado. En fecha reciente hemos aprobado una ley sobre diversidad
de los medios de difusión, cuyo objetivo es garantizar que
los medios de difusión reflejen y den expresión a
todos los ámbitos de nuestra sociedad diversa.
En un gran número de países en desarrollo la promoción
y protección de la cultura se ha visto favorecida en ocasiones
en detrimento de la diversidad cultural. Como punto de partida de
este documento adoptamos el punto de vista según el cual
la diversidad cultural del mundo es una fuente de gran riqueza,
y la promoción y protección de la diversidad cultural
puede ser un factor que contribuya a la cohesión social y
el desarrollo mundial.
Políticas culturales
En los países en desarrollo, el papel de la cultura en
las políticas de desarrollo no está consolidado. Este
hecho conlleva varios problemas: primeramente, las políticas
culturales no están consolidadas como políticas públicas
y, en segundo lugar, el sector cultural no ejerce la suficiente
influencia en la orientación de las políticas de desarrollo
y, de hecho, no lo hará hasta que no se vea fortalecido como
sector. El sector cultural tampoco se transformará y evolucionará
con el desarrollo. Esto es así a pesar de que los sectores
culturales contribuyen de forma masiva al logro de los objetivos
de desarrollo, incluidos el acceso a la información, la difusión
de los valores e ideas culturales, la construcción de naciones
y la cohesión social.
Los trabajos de investigación revelan que los países
en desarrollo poseen una amplia y variada gama de talentos y patrimonio
cultural, y presentan un desarrollo sumamente desigual de los sectores
culturales y las industrias culturales en sus economías nacionales.
No obstante, en muchos casos estos sectores e industrias culturales
han sido capaces de sobrevivir a pesar de la falta de políticas
culturales en sus respectivos países.
La existencia de políticas culturales en países
en desarrollo ofrecería al gobierno un amplio marco para
dotarse de herramientas a fin de:
- promover y conservar el patrimonio natural y cultural;
- apoyar la expresión artística;
- ofrecer apoyo a la expresión creativa y el diálogo;
- garantizar el crecimiento y florecimiento de las industrias
creativas.
De ese modo, los gobiernos crearán las condiciones necesarias
para el florecimiento de la diversidad cultural y establecerán
el contexto para lograr esa diversidad. Los gobiernos tienen la
responsabilidad de facilitar un debate y práctica nacional
que sustente y apoye las políticas culturales. En ese debate
nacional deben participar artistas, intelectuales y profesionales
del mundo cultural a fin de garantizar que se asuma un compromiso
nacional sólido para con los valores de la cultura o culturas
de cada país y su desarrollo.
De igual modo que se necesitan políticas de conservación
de la diversidad biológica que garanticen la protección
de los ecosistemas naturales y la diversidad de especies, únicamente
la adopción de políticas culturales adecuadas puede
garantizar la protección de la diversidad creativa frente
a los riesgos de una única cultura homogeneizadora. El argumento
de la exención cultural no es sino uno de los medios posibles
para lograr este objetivo de promover la diversidad cultural. Es
necesario reconocer que estos bienes y servicios culturales (libros,
música, juegos multimedios, películas y medios audiovisuales)
son diferentes de otros bienes y servicios, por lo que merecen recibir
un trato diferente y/o excepcional que los distinga de los productos
estandarizados del consumo de masas. Evidentemente, para ello sería
necesario que existiera un trato diferenciado en los acuerdos comerciales
internacionales, así como marcos reglamentarios sólidos
y eficaces para redefinir las políticas culturales y orientarlas
a la promoción y desarrollo de las industrias culturales.
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Las industrias culturales en los países en desarrollo
En los países en desarrollo, los talentos artísticos
y el patrimonio cultural nacional no son plenamente explotados comercialmente.
Su contribución a la creación de puestos de trabajo
locales y los ingresos del comercio internacional es limitada. En
la mayoría de los países en desarrollo el sector cultural
está en cierta medida descuidado, a diferencia de lo que
ocurre en los países en desarrollo, en los que este sector
contribuye con un importante porcentaje al producto nacional bruto.
Sin embargo, existen numerosos ejemplos de creaciones artísticas
o productos culturales profundamente arraigados en el patrimonio
cultural de los países en desarrollo que han superado las
fronteras y han establecido importantes mercados en un gran número
de países industrializados. Se trata, entre otros, de la
música de África y América Latina, las esculturas
de inspiración africana, los artículos textiles y
moda de África y América Latina, los documentales
de vídeo y los bailes africanos. No obstante, a menudo la
comercialización de estas transferencias culturales no ha
beneficiado a los países de origen.
Las industrias culturales pueden desempeñar un papel más
importante en las economías de estos países si cuentan
con el apoyo del gobierno, mediante políticas culturales
claramente definidas y medidas adecuadas para promover los distintos
sectores y, sobre todo, para fomentar lo que podríamos llamar
iniciativas de empresas culturales. Las iniciativas de empresas
culturales hacen hincapié en la sostenibilidad de la empresa
(ya sea mediante el apoyo de entidades financiadoras o la generación
de ingresos) y se proponen lograr objetivos de carácter social
y cultural (como la plena participación de la mujer en la
sociedad) y no necesariamente beneficios económicos. A menudo
las mujeres participan como principales productoras de numerosos
productos culturales, especializándose a veces en un determinado
arte, proceso o servicio. No obstante, a menudo se ven obligadas
a vender y comercializar sus productos a través de intermediarios
y cadenas de suministro dominadas por los hombres. Existe la oportunidad
de potenciar el papel de estas productoras de productos culturales
y garantizar que generen ingresos decentes con sus esfuerzos productivos,
así como conectarlas con oportunidades de mercado.
Esta realidad difiere de la de los países desarrollados,
en los que los talentos artísticos, que están profundamente
arraigados en el patrimonio cultural nacional, son plenamente explotados
por una amplia gama de personas y compañías en beneficio
tanto de los propios artistas como de sus respectivas economías
nacionales. En esos países, los artistas tienen a su disposición
sofisticados mecanismos de apoyo y pueden solicitar la ayuda de
agentes a fin de crear un mercado. Los fabricantes y canales de
distribución garantizan la comercialización de las
creaciones de un artista. Las asociaciones sectoriales de artistas
ejercen presión en nombre de sus miembros para ayudarles
a adquirir los derechos otorgados a otros trabajadores (sociales,
de seguridad, prestaciones de desempleo, pensión, etc.).
Las creaciones artísticas están protegidas contra
copias por organizaciones nacionales de propiedad intelectual. Por
otra parte, una extensa red de organizaciones públicas y
privadas fomentan y protegen la creación artística
y, en muchos casos, ayudan a proteger el patrimonio cultural.
Una grave consecuencia de la limitada comercialización
de creaciones culturales y artísticas tanto en el mercado
nacional como internacional es el empobrecimiento gradual del patrimonio
cultural de los países. La razón para ello es que
las personas con talento pueden no sentirse atraídas a emprender
una carrera de artista, músico, cineasta o artesano, arraigada
en el patrimonio cultural del país, si no van a poder vivir
decentemente de ello. Son muchos los factores que pueden explicar
esta situación, entre otros:
- La demanda limitada del mercado nacional, consecuencia del escaso
poder adquisitivo de la mayoría de la población,
lo cual no permite crear las economías de escala necesarias
para la comercialización local de creaciones artísticas
y culturales, y por extensión, su exportación en
condiciones que sean ventajosas para el país.
- La capacidad limitada para adaptar las creaciones artísticas
y bienes "culturales" a las características de
demanda en los países industrializados y a la demanda,
en constante evolución, de los mercados nacionales.
- Las limitaciones de la producción, infraestructura comercial
y de distribución, incluido el acceso a publicidad internacional.
Esto es el resultado directo de la escasez de inversiones nacionales
y extranjeras en el sector cultural de los países en desarrollo,
así como de la ausencia de marcos de políticas culturales
claramente definidas y dotadas de financiamiento en los países
en desarrollo. Paradójicamente, algunos países en
desarrollo utilizan escasas operaciones cambiarias para importar
producciones artísticas basadas en sus propias culturas
y/o producidas por sus propios ciudadanos (por ej.: CD ROMs de
música).
Una combinación de factores, a saber, la gran influencia
ejercida por algunas culturas extranjeras en los jóvenes,
quienes llegan a considerar su propia cultura como inferior a las
extranjeras, y las condiciones más atractivas que ofrecen
los países industrializados a los artistas locales y que
les inducen a inmigrar a dichos países, ha dado lugar a una
"fuga de talentos". Este fenómeno se produce tanto
entre los países desarrollados y en desarrollo como dentro
de las regiones del mundo en desarrollo.
En la región del SADC (Comunidad de Desarrollo del África
Meridional) existen ejemplos inspiradores que muestran claramente
que las personas y empresas pueden superar las limitaciones antes
mencionadas y tener éxito en la comercialización de
creaciones artísticas tanto en el mercado nacional como internacional,
sobre todo en los campos de la música, el cine, la producción
de vídeos, las artes visuales, la artesanía, las artes
interpretativas y el baile.
En resumen, algunas de las características más destacadas
en los países en desarrollo son:
- Los países en desarrollo cuentan con un patrimonio cultural
y productos culturales, pero no tienen necesariamente industrias
culturales plenamente desarrolladas.
- Los países en desarrollo no poseen el capital necesario
para crear infraestructuras competitivas en el sector cultural,
sobre todo en lo referente a la distribución de productos
culturales.
- Los países en desarrollo apenas acaban de comenzar a
buscar soluciones a los desafíos de establecer infraestructuras
culturales y mediáticas allí donde la infraestructura
tecnológica básica no existe o está subdesarrollada.
- Los países en desarrollo, en particular los de la región
del SADC, cuentan con numerosas iniciativas centradas en las artes,
la música, el cine, el teatro, la danza y los festivales,
si bien carecen de las medidas y marcos de políticas culturales
necesarios para apoyar esos sectores. No obstante, existe también
una dicotomía entre la adopción de políticas
y su aplicación.
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Los efectos de la globalización en la diversidad cultural
de los países en desarrollo
La globalización tiene efectos positivos y negativos en
la capacidad de los países en desarrollo para lograr sus
objetivos de política cultural. Las repercusiones adversas
para la diversidad cultural consisten principalmente en el efecto
homogeneizador de la globalización que da forma a una conciencia
colectiva de "modernidad".
Es importante señalar que las industrias culturales todavía
no son un elemento importante de las economías de los países
en desarrollo. Sin embargo, esos mismos países han aceptado
la tendencia hacia mercados más abiertos y hacia el "libre"
comercio. En particular, reconocen la necesidad de garantizar la
predictibilidad y seguridad en un contexto basado en reglas. Esto
significa que no es posible elaborar y aplicar políticas
culturales nacionales de forma aislada y, de hecho, desafía
a los gobiernos a negociar acuerdos comerciales que reconozcan la
diversidad cultural y el carácter particular de los bienes
y servicios culturales.
La globalización influye en los países en desarrollo
debido a los cambios en la propiedad y control de los medios de
difusión, infraestructura de telecomunicaciones y el nivel
de conectividad de la población, y como consecuencia de la
mayor circulación de artistas, productores culturales y turistas.
La globalización también afecta la gama de instrumentos
utilizados por los gobiernos para proteger y promover la diversidad
de la expresión cultural. Uno de los efectos positivos de
la tecnología para los países en desarrollo es, por
ejemplo, las mejoras de los medios de comunicación e interacción
gracias a la existencia de tecnologías de redes poco costosas
y de Internet. Otras tecnologías, como las utilizadas para
grabar música y vídeos y editar vídeos, son
actualmente menos costosas y más sencillas. Algunos aspectos
de la globalización pueden ayudar a fomentar la diversidad
cultural, como por ejemplo la interacción que trasciende
las fronteras y que permite una mezcla de culturas en determinados
lugares y prácticas; el hecho de que los flujos culturales
se produzcan de forma diferente en distintas esferas y que puedan
iniciarse en un gran número de lugares; las reacciones y
resistencia a que da lugar la integración, la difusión
de ideas e imágenes y el abanico de interpretaciones de las
normas o prácticas mundiales desde la tradición local.
Entre los efectos negativos se incluyen una convergencia acelerada
de los contenidos de entretenimiento, la "fuga" de talentos,
la consolidación de la industria y la internacionalización
de producción en las obras audiovisuales que afectan tanto
a la propiedad como al contenido cultural. En respuesta a esta situación,
la política de Sudáfrica relativa a la propiedad de
los medios de difusión establece un límite del 20
% a la propiedad extranjera en el sector de la radiodifusión,
mientras que en la prensa escrita los reglamentos son menos restrictivos.
En su calidad de país en desarrollo, Sudáfrica se
ve sometido a la presión e influencia de la globalización
dado que hasta el 90 % de su paisaje mediático está
ocupado por medios de difusión que no son sudafricanos. Su
sistema de radiodifusión (tanto de radio como de televisión)
cuenta con una alta concentración de medios extranjeros,
sobre todo emisiones importadas de Estados Unidos. Además,
un hecho que reviste todavía mayor importancia es la pérdida
de identidad, espíritu comunitario, estima personal y del
sentimiento de pertenecer a la propia cultura. No cabe duda de que
la existencia de una política cultural sólida promoverá
los sectores de los medios de difusión locales e indígenas
para que puedan competir en el escenario mundial.
No obstante, además de estos efectos adversos, la globalización
presenta otras dinámicas interesantes que pueden ofrecer
oportunidades o, como mínimo, plantear desafíos a
los países en desarrollo. Se trata, por ejemplo, de las numerosas
plataformas para difundir contenidos, la convergencia de telecomunicaciones,
el crecimiento exponencial de las industrias informáticas
y de contenidos, la propiedad vertical y horizontal (múltiples
medios de comunicación), el mayor conocimiento y preocupación
sobre la competencia y los derechos de autor, la tendencia a las
megafusiones, la ampliación y limitación de las opciones
de consumo y la diversidad de contenido, y la creación y
control de contenido. Todas estas dinámicas presentan al
mismo tiempo oportunidades y amenazas para el sector cultural. Las
oportunidades residen en el aumento de las posibilidades para generar
y producir contenido creativo, la importante mejora de la capacidad
de distribución y promoción para los productos culturales,
y el hecho, sencillo pero al mismo tiempo revolucionario, de la
interactividad que permite a todos los consumidores convertirse
también en creadores/productores de valores y productos culturales.
Estas oportunidades son menos importantes en los países en
desarrollo, aunque siguen estando al alcance de los productores
culturales. No obstante, ciertos aspectos de la globalización,
como las nuevas tecnologías de la información, también
permiten aumentar el diálogo y comunicación entre
las culturas, posibilitando una mejor comprensión y un mayor
respeto de la diversidad cultural y permitiendo su expresión.
Por otra parte, las amenazas que presenta la globalización
son más importantes para los países en desarrollo.
Se manifiestan en la existencia de una "brecha digital"
masiva e invalidante tanto a nivel nacional como internacional,
en la que, como afirma Guiomar Alonso de la UNESCO, 96 % de la población
mundial no tiene acceso a Internet y 50 % nunca ha hecho una llamada
telefónica. Estas gigantescas desigualdades en la distribución
del acceso a las comunicaciones y en la capacidad digital representan
quizás el problema más acuciante en materia de infraestructura
con relación al nuevo ámbito contemporáneo
de la política cultural y pone de relieve la necesidad de
reflexionar y actuar de manera coordinada a nivel político
entre los sectores de la industria, comunicaciones, desarrollo comunitario
y cultura.
Los desafíos que plantea la globalización para la
protección de la cultura tradicional y la sostenibilidad
de las prácticas tradicionales son también ambiguos.
A nivel internacional existe preocupación entre los detractores
del etnoturismo, quienes consideran que éste socava el patrimonio
y la espiritualidad, y los reduce a un espectáculo trivializado
para el turismo mundial. Los defensores del etnoturismo refutan
este argumento señalando que el turismo cultural tiene numerosos
efectos benéficos, entre los que destacan la revitalización
del interés cultural, la generación de ingresos y
la creación de puestos de trabajo. No obstante, esta exposición
a la demanda mundial y al turismo mundial está llena de peligros.
De igual modo que ocurre con el patrimonio, el turismo mundial puede
representar una amenaza a los derechos de propiedad intelectuales
y conocimientos indígenas, tecnologías tradicionales,
religiones, lugares sagrados, relaciones y estructuras sociales,
fauna y flora silvestres, ecosistemas, economía y derechos
fundamentales a una comprensión informada, al hacer de los
pueblos indígenas un producto más de consumo que se
está agotando con rapidez.
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¿Qué tipo de instrumento necesitarían los
países en desarrollo para promover y proteger la diversidad
cultural?
La RIPC está elaborando actualmente un instrumento internacional
para promover y proteger la diversidad cultural. Este documento
ha subrayado una serie de inquietudes para los países en
desarrollo. Cualquier instrumento que se elabore deberá responder
a las prioridades e inquietudes de desarrollo de tal modo que ayude
a los países en desarrollo a fortalecer su capacidad para
responder a sus prioridades de desarrollo y lograr sus objetivos
de políticas culturales.
Un gran número de países en desarrollo siguen considerando
que el desarrollo social y económico es diferente a la diversidad
cultural y está aislado de ella, y que incluso en ocasiones
es contrario a la diversidad cultural. En consecuencia, no se asignan
recursos, presupuesto ni personal al componente de política
cultural del gobierno, ni tampoco se establece una conexión
entre otros componentes de desarrollo más tradicionales y
los programas y principios de políticas culturales. Muchos
países en desarrollo carecen de un marco de políticas
culturales claramente definido que oriente la labor del gobierno
en materia de patrimonio, museos, diversidad lingüística
y artes visuales e interpretativas hacia las actividades más
comerciales de las industrias culturales. El instrumento debería
ofrecer a los gobiernos que desean promover y proteger la diversidad
cultural un conjunto de pautas para hacerlo. El instrumento debería
tener en cuenta las diferencias en la capacidad de los países
en desarrollo para cumplir estos acuerdos y, al mismo tiempo, fomentar
la elaboración de un marco de políticas culturales
claramente definido en esos países.
Como prolongación de lo anterior, es necesario que el instrumento
reconozca y tenga en cuenta tanto los marcos de políticas
culturales futuras, como las medidas culturales futuras que todavía
no se han especificado. Es importante asimismo que el instrumento
impulse a los estados miembros a adoptar medidas que garanticen
el progreso de la expresión cultural nacional. Debería
incluir plazos para el cumplimiento de esas obligaciones. A fin
de que el instrumento sea eficaz, es necesario que imponga obligaciones
a las partes signatarias e incluya mecanismos de ejecución.
Una de las funciones clave del instrumento es ofrecer un marco
de apoyo (financiero y conocimientos técnicos) y cooperación
entre el Norte y el Sur, el Sur y el Sur (por ej.: Sudamérica
y África del Sur), los países que pertenezcan a una
región determinada (por ej. SADC, Mercosur) y los países
con una afinidad cultural específica (por ej.: todos los
países lusófonos). Se ha descubierto que el establecimiento
de observatorios culturales facilita en gran medida la elaboración
y evaluación de políticas, por lo que se trata de
una medida que podría apoyarse para lograr estos objetivos.
Asimismo, el instrumento debe afirmar la importancia de promover
la expresión cultural nacional y de mantener una actitud
abierta con el resto de culturas. Este espíritu de apertura
es inherente al concepto de la diversidad cultural. Por consiguiente,
descarta la xenofobia o exclusividad cultural en las políticas
nacionales. De esta forma el instrumento puede funcionar como un
principio rector para los países en desarrollo que todavía
no hayan elaborado una política cultural coherente.
La elaboración de políticas sobre diversidad cultural
debe tener en cuenta las disparidades existentes a nivel mundial
que pueden afectar directamente las industrias culturales en los
países en desarrollo. La promoción de la diversidad
cultural no pretende profundizar aún más esas disparidades
sino precisar las condiciones en las que puede fomentarse la creatividad
y el diálogo intercultural. Un instrumento que aborde la
diversidad cultural y la globalización debe tener en cuenta
los agentes de los productores culturales y los intermediarios.
Todos los días los agentes culturales toman decisiones sobre
qué comunicar y exportar, qué importar e incorporar,
cuándo cambiar sus consideraciones interculturales y seleccionar
nuevos mercados y audiencias, y cuándo remodelar su propio
repertorio cultural para consolidar o transformar sus tradiciones
y patrimonios.
Sería importante garantizar que el objeto del instrumento
no coincida con el de otros textos, declaraciones o arreglos. El
instrumento debe tener en cuenta, por ejemplo, los derechos que
ya están consagrados en otros textos y que los miembros ya
están obligados concretamente a cumplir. Con ello se pretende
evitar un duplicación o superposición de las sanciones
que se impongan a los miembros que no respetan los derechos humanos
o los derechos de libertad de expresión e información.
Asimismo, es importante simplificar el sistema de obligación.
Una cuestión decisiva para el instrumento es evitar que
profundice el desigual nivel de desarrollo entre los países
desarrollados y los países en desarrollo. Esta situación
podría surgir, por ejemplo, si el instrumento estipulara
la obligación de los gobiernos de reservar apoyo financiero
a organizaciones o grupos culturales, promover y desarrollar sus
industrias creativas o promover y proteger su patrimonio cultural.
En este caso, los países en desarrollo podrían encontrarse
en una posición aún más desventajosa dado que
los países desarrollados pueden garantizar este apoyo financiero
mientras que los países en desarrollo no pueden, por el momento,
ofrecer subvenciones a sus sectores e industrias culturales.
Por otra parte, el instrumento deberá prestar atención
especial a las cuestiones relativas a los medios de difusión.
Así, podría estipular la adopción de medidas
e instrumentos políticos que promuevan la capacidad de los
países en desarrollo de producir una variedad de productos
y servicios audiovisuales a nivel local e internacional, e incluir
propuestas de marcos estratégicos precisos que puedan orientar
e informar las políticas o programas audiovisuales entre
los países desarrollados por una parte, y los países
en desarrollo y estados miembros de economías en transición
por otra. Es importante identificar industrias audiovisuales como
vehículos para transmitir patrimonio intangible que reviste
gran importancia para los valores culturales, identidad y experiencias
comunes de los países en desarrollo, y que, por lo tanto,
no es posible considerar como meros productos comerciales del mercado.
La influencia de los cambios tecnológicos y la forma en que
pueden beneficiar a los países en desarrollo son aspectos
que podrían abordarse subrayando de qué modo la nueva
tecnología ofrecerá a las naciones en desarrollo la
oportunidad de llegar a nuevos mercados y nuevas audiencias, e identificando
mercados para suministrar servicios audiovisuales a escala mundial.
El instrumento debe fortalecer la cooperación internacional
entre el Norte y el Sur, así como entre los países
en desarrollo más fuertes dentro de una determinada región
y el resto de países de esa región (por ej.: Sudáfrica
en la región del SADC, México en la región
del Mercosur) a fin de superar el desequilibrio estructural en los
intercambios culturales. Para ello, el instrumento puede garantizar
que se incorpore una obligación de apoyo financiero en la
cooperación y solidaridad, así como de asistencia
técnica y mecanismos de apoyo por parte de las naciones "más
ricas" hacia los países "en desarrollo" y
las "economías en transición". Esto comprende
específicamente la elaboración de una cartera permanente
de programas ejemplares que permitan difundir y aprender las mejores
prácticas de estados miembros que ocupen posiciones similares.
Cada país tendría que coordinar a los actores del
sector privado, el gobierno y el sector no gubernamental a fin de
aprovechar y apoyar los esfuerzos existentes de forma práctica.
Habida cuenta de la diversidad de condiciones existentes en los
países en desarrollo, las estructuras de gobierno tendrían
que reconocer las distintas necesidades de todos los países
y establecer un continuo de intervención en los países
en desarrollo.
Por último, el presente documento pone de relieve que en
el origen de la diversidad cultural está la necesidad de
expresar experiencias discrepantes del proceso de interdependencia
mundial. Más concretamente, se trata de la necesidad de protegerse
contra la aleatoriedad y dispersión manifiestas de la cultura
en el contexto de los nuevos procesos de liberalización del
comercio. La elaboración de un instrumento que haga frente
a las presiones que ejerce el proceso de liberalización comercial
en la diversidad cultural debe demostrar su compromiso con la articulación
de estas historias discrepantes.
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