Informe Final del Equipo Especial de Investigaciones Políticas
Sobre Cuestiones Relacionadas con los Medios de Difusión
La Diversidad Cultural y los Medios de Difusión
En la sociedad moderna, los medios de difusión desempeñan
un papel preponderante en la vida cotidiana y constituyen el vínculo
entre las diferentes dimensiones de la sociedad, como son la política,
la vida social y cultural, y la economía. El público
dedica varias horas diarias a todo tipo de actividades relacionadas
con los medios: leer el periódico, mirar la televisión,
ver películas y vídeos, escuchar la radio, consultar
Internet, jugar a videojuegos, etc. De hecho, cada vez es mayor
la cantidad de tiempo que la gente le dedica a los medios de difusión.
Por otra parte, y como los medios son los que en mayor medida difunden
las obras culturales, necesariamente tendrán que formar parte
del debate sobre diversidad cultural y globalización.
La diversidad y el pluralismo a la hora de transmitir noticias
y moldear la opinión pública siguen revistiendo un
carácter primordial en la sociedad democrática de
nuestros días y constituyen el fundamento para un debate
abierto, por no decir el fundamento de la democracia en sí.
Es por este motivo por lo que el mercado de los medios de difusión
no puede considerarse como un simple mercado cualquiera sino que
es una necesidad para la sociedad democrática. Y es por ello
por lo que es tratado de manera diferente en muchos de sus aspectos.
Las condiciones para la libertad de expresión y de intercambio
de opiniones en un clima en que se aceptan y se debaten los distintos
puntos de vista y valores de unos y de otros, están previstas
en los convenios internacionales y las constituciones nacionales.
El sector de los medios de difusión tiene asimismo un importante
valor económico, que también ha aumentado considerablemente
durante el último decenio. Sin embargo, la importancia que
revisten los medios de difusión en la sociedad no es esencialmente
de índole económica, siendo mucho más relevante
el papel que desempeñan en el proceso democrático
y en un sentido más amplio, para la cultura y la lengua.
Por ende, la sociedad democrática da por sentada la diversidad
del contenido mediático y resulta evidente que la libertad
para formarse opiniones puede verse menoscabada si unas pocas personas
o pequeños grupos de propietarios de medios de difusión
acaparan una posición excesivamente prominente en las empresas
informativas, al menos en lo que respecta a los medios de difusión
que suelen influir considerablemente en el público.
El sector de los medios de difusión es muy complejo en lo
que a su organización y estructura se refiere. Aparte de
sus diversos aspectos democráticos, culturales y socioeconómicos,
también hay que contar con diferencias entre estos diversos
aspectos y entre las estructuras nacionales. No es posible examinar
el sector mediático bajo todos sus ángulos en el presente
informe. No obstante, se puede dividir la temática del monopolio
del sector en dos grandes apartados: por una parte, está
la cuestión de la distribución y el acceso a los medios,
y por otra, el contenido mediático propiamente dicho. Aunque
dichas cuestiones estén indudablemente vinculadas entre sí,
resulta práctico separarlas en el debate que nos ocupa.
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La estructura del mercado de los medios de difusión ha ido
transfigurándose a lo largo del último decenio. Las
empresas del sector se han ido organizando de manera más
vertical, lo cual equivale a decir que una compañía
o un consorcio de compañías controla cada una de las
etapas de la cadena de producción del contenido mediático.
Este fenómeno es especialmente frecuente cuando se trata
de las nuevas tecnologías. La estructura del sector también
se ha vuelto más horizontal, lo cual quiere decir que una
compañía o un grupo de empresas controla varios productos
de un mismo género. Se dice que esto produce efectos positivos
en lo que se refiere a la sinergia.
Esta tendencia ha dado lugar a una situación en la que un
reducido grupo de grandes empresas mantienen una fortísima
posición como distribuidores, tanto en el mercado mundial,
como a veces también en algunos mercados nacionales. También
se da el caso de que aun sin ocupar una posición fuerte como
protagonistas exclusivos del mercado a nivel nacional, estos consorcios
siguen ejerciendo una gran influencia debido a la exportación
de contenido. Ocurre con frecuencia que el control de los canales
de distribución está en manos de uno o unos pocos
empresarios nacionales, y dichos canales abundan en contenido producido
por las grandes empresas de los medios de difusión.
Bajo el primer apartado antes mencionado, se pueden plantear interrogantes
como: ¿tiene la tendencia a concentrar las empresas de los
medios de difusión un efecto negativo en los sistemas de
distribución?; ¿tiene esto algún efecto en
la accesibilidad a los medios por parte del público general?
Esta cuestión se refiere en gran medida a las condiciones
del mercado como las reglas de la competencia y los sistemas financieros,
a la vez que se trata de una cuestión de intereses, tanto
mundiales como nacionales. No es difícil imaginar que los
protagonistas que dominan el mercado, ya se trate de proveedores
de contenido, de plataformas de distribución o de ambos,
pudieran tener un impacto negativo en la diversidad cultural del
contenido, máxime si se tiene en cuenta la estructura horizontal
y vertical.
Se puede citar algunos ejemplos que ilustran este fenómeno.
Si una compañía adquiere otra red de distribución
de televisión y los nuevos propietarios cambian inmediatamente
la gama de canales ofrecidos, por ejemplo, sustituyendo algunas
cadenas especializadas en programas de diversión y deportes
por destacados canales de noticias, no cabe duda de que la diversidad
se ve reducida desde el punto de vista democrático. Otro
ejemplo sería el de los distribuidores de plataformas que
deliberadamente excluyen canales de interés general de su
plataforma de distribución. Esto significa que para poder
tener acceso a determinados canales hay que abonarse a su correspondiente
sistema de distribución, y que los telespectadores quedan
"atrapados" en dicho sistema. Estos problemas pueden solucionarse
hasta cierto punto, y de hecho se solucionan, mediante una normativa
que obligue a los distribuidores a transmitir u ofrecer al público
determinados canales. Sin embargo, estas disposiciones también
tienen que tomar en cuenta las condiciones del mercado y el derecho
de los distribuidores a decidir lo que desean retransmitir.
A medida que el desarrollo tecnológico en el mercado de
los medios de difusión sigue progresando y creando nuevos
tipos de plataformas de distribución, resulta sumamente importante
que los responsables de tomar decisiones se aseguren de que las
soluciones técnicas del futuro sean lo más receptivas
posible a todo tipo de contenido mediático con el fin de
producir y mantener una oferta de contenidos caracterizada por su
diversidad.
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En cuanto al segundo apartado (relativo a la diversidad cultural,
las tendencias monopolistas y el contenido mediático propiamente
dicho), se suele decir que el mercado de los medios de difusión
nunca ha sido tan diverso y que el público nunca ha tenido
tanto acceso a contenidos como en la actualidad. Asimismo, se afirma
que los medios de difusión no sólo son más
accesibles que nunca, sino que además el público en
general tiene mayores posibilidades de ejercer de forma concreta
su libertad de expresión y su creatividad artística.
Este tipo de razonamiento no deja de tener un fondo de verdad,
puesto que hay muchas nuevas posibilidades de recibir contenidos
mediáticos y hacer escuchar la voz de uno a través
de los medios. No obstante, puede que esto diste de la realidad,
ya que las riendas del control de los canales de distribución
y del contenido que retransmiten suelen estar en manos de unos pocos.
Los medios de comunicación masiva convencionales, como son
la televisión, la radio y los diarios, siguen siendo los
más poderosos y los que más tiempo acaparan. Además,
estas nuevas posibilidades no implican necesariamente una mayor
diversificación del contenido de los medios más prominentes.
El hecho de poder ver más canales de televisión o
escuchar más estaciones de radio no quiere decir que estos
canales o estaciones tengan un contenido especialmente variado.
Otra verdad es que los intereses comerciales de los proveedores
de contenido constituyen el factor dominante a la hora de tomar
decisiones, y la única consecuencia de ello parece ser una
mayor conformidad y homogeneidad de contenido.
Hace diez años, Suecia creó un sistema para la radio
comercial local con la intención de asegurarse de que el
público general dispusiera de la más amplia y variada
oferta radiofónica posible, tanto en lo referente a la propiedad
de las estaciones como al contenido radiofónico. No obstante,
pronto se vio que ni lo uno ni lo otro iba a poder lograrse. En
muy pocos años, el mercado ha forjado un panorama radiofónico
protagonizado por un puñado de actores y propietarios, pocos
pero fuertes. Las estaciones radiofónicas que pretendían
transmitir otra cosa que no fuera lo que se ha dado en llamar "música
contemporánea para adultos" no tardaron en desaparecer
del mercado. Asimismo, se ha podido establecer hace poco que el
contenido de las estaciones comerciales de radio se ha visto más
limitado con el transcurso de los años, ya que se dedican
cada vez más a transmitir repetidamente unas pocas canciones
sacadas de la lista de los grandes éxitos. En vista de ello,
no resulta sorprendente que otros géneros musicales y la
música local, regional y cultural tengan dificultad en darse
a conocer a un público más extenso. Cabe afirmar que
aun disponiendo de más estaciones de radio que nunca, la
diversidad del contenido no ha aumentado, sino que más bien
se ha uniformizado.
Es por ende de la mayor importancia que la sociedad en general
asuma la responsabilidad de un contenido mediático amplio
y diverso. Para la sociedad política, es especialmente importante
seguir con gran atención el desarrollo del sector de los
medios de difusión y esforzarse para hallar buenas soluciones
y condiciones, tanto para el público en general como para
el sector de los medios de difusión. Si esto se hace como
es debido, hay buenas posibilidades de asegurar la permanencia de
los valores democráticos de la sociedad.
La situación descrita en el presente informe junto con las
preguntas siguientes podrían servir de punto de partida para
un debate más extenso y profundo sobre la diversidad cultural
y los medios de difusión en Ciudad del Cabo:
- ¿Qué experiencias de interés general tiene
en lo referente a la propiedad de los medios de difusión
y la diversidad del contenido mediático?
- ¿Cómo cree que evolucionará el sector de
los medios de difusión, teniendo en cuenta el debate sobre
diversidad cultural y el contenido mediático?
- ¿Cómo puede contribuir la globalización
a una mayor diversificación de los medios de difusión
y al intercambio de productos culturales y mediáticos?
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