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Página principal: Reuniones Anuales: 2001: Gestión de la Diversidad Cutural
Reuniones Anuales

Gestión de la Diversidad Cutural:
Una Reflexión Suiza Sobre los Actuales Modelos

Introducción

La Cuarta Reunión del Grupo de Trabajo del RIPC sobre Diversidad Cultural y Globalización coincidió con la Sesión de Trabajo sobre Gestión de la Diversidad Cultural, celebrándose ambas entre el 10 y el 12 de mayo de 2001, en Leysin, Suiza. Los preparativos de cara a estas reuniones fueron fruto de un esfuerzo compartido entre Suiza (conceptos y gestión de la diversidad cultural) y Canadá (integración de la diversidad cultural, marcos nacionales de las políticas culturales, creación de un instrumento internacional sobre diversidad cultural). El programa de Leysin abarcó asimismo la presentación de un informe sobre las actividades de la Oficina de Enlace del RIPC, así como una Reunión del Grupo de los Funcionarios del Grupo de Contacto.

Sesión de Trabajo sobre Gestión de la Diversidad Cultural

El tema:

Esta Sesión de Trabajo tomó como punto de partida la ponencia que bajo el título "Integration of Cultural Diversity", presentaría el Sr. Bernard Wicht en París en diciembre de 2000, con motivo de la Tercera Reunión del Grupo de Trabajo sobre Diversidad cultural y Globalización de la RIPC. El Sr. Wicht presentó una relación de las diversas instituciones que se interesan por el tema de la diversidad cultural, explicando lo que cada una de ellas entendía por "diversidad cultural" (diversas nociones y acepciones). Su trabajo indujo a tomar en cuenta el problema de la gestión de la diversidad cultural, concepto en que el Grupo de Trabajo tiene intención de profundizar el año que viene (véase el Informe de la Tercera Reunión), sobre todo en la medida que atañe a la labor de creación de un instrumento.

El objetivo :

Recabar opiniones sobre la gestión de la diversidad cultural mediante una política cultural, fundamentadas en experiencias concretas o en los modelos existentes

expuestos por los interesados. Tomar en cuenta las expectativas que se desprendan de lo que antecede, de manera a garantizar que el instrumento bajo preparación resulte eficaz como herramienta de gestión de la diversidad cultural. La síntesis de los asuntos y comentarios más destacados se someterá a los Ministros en la próxima Conferencia (Lucerna), con objeto de que determinen la pauta que debe seguir el trabajo. En función de los resultados, plantear la posibilidad de formar de un Subgrupo de Trabajo dedicado al tema de la gestión de la diversidad cultural, que dependería del Grupo de Trabajo sobre Diversidad Cultural y Globalización. El presidente animó a los participantes a exponer sus ideas, haciendo hincapié en el carácter informal de esta Reunión que contaba con expertos en política cultural, así como en el carácter experimental de la organización del seminario (preparativos de cara a Lucerna, 2 Grupos de Trabajo - RIPC + Consejo de Europa, copresidencia Suiza-Canadá).

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El programa:

La Sesión de Trabajo, presidida por El Sr. Wicht, se desarrolló a lo largo de tres medias jornadas de charlas que empezaron enfocando los "diversos conceptos de diversidad cultural", con ponencias sobre derechos culturales (1.a.) y sobre la política cultural del Consejo de Europa con respecto a la diversidad cultural (1.b.), pasando acto seguido al punto de vista suizo sobre la Gestión de la Diversidad cultural, que propone medios como el "diálogo intercultural y el entendimiento mútuo", y que contó con la intervención de tres ponentes invitados a expresar su opinión sobre: el ejemplo de las lenguas y su uso en un contexto de diversidad cultural como el que se vive en Suiza (2.a.); la necesidad de que las políticas culturales evolucionen girándose hacia la sociedad (como medio de integración y de coexistencia pacífica) (2.b.) ; y la problemática de la diversidad cultural en el contexto urbano, basado en el ejemplo de Basilea, respectivamente.

Les documentos:

El Sr. Wicht redactó un compendio de la ponencia "notions related to institutions" que había presentado en París, a modo de "nota de introducción" de la Sesión de Trabajo de Leysin. Cuatro de las cinco ponencias han sido resumidas y entregadas a los participantes, junto con un compendio de textos redactados por expertos suizos bajo el título genérico "Regards sur la diversité culturelle". Este último es un documento de referencia sobre la percepción de la diversidad cultural en Suiza, aunque no debe interpretarse como reflejo de la opinión des autoridades.

1. a. Los derechos culturales : presentado por Patrice Meyer-Bisch, profesor del Instituto Interdisciplinario de Ética y de Derechos Humanos de la Universidad de Friburgo, a cargo de la cátedra Derechos Humanos y Democracia - UNESCO.

Objeto

Ofrecer, a un nivel temático, un punto de vista claro y conciso sobre los derechos culturales en función de una definición más extensa de la noción de diversidad cultural. Exponer el modo en que debe plantearse la creación de un "instrumento" viable para el reconocimiento de los derechos culturales.

Derechos culturales y diversidad cultural: En su lucha por erradicar la pobreza, los derechos culturales deben concebirse como derechos individuales que atañen a los objetos colectivos que componen la diversidad cultural ; la cultura de una comunidad sirve de vínculo social y político.

Forma de reconocer los derechos culturales: o ¿Cómo se establece la relación entre la lógica de la diversidad cultural y los derechos democráticos? Hay que pasar de un objetivo de política general, la riqueza de la diversidad cultural, a una estructura democrática, mediante la integración de los derechos culturales en el sistema de los derechos humanos, en una declaración amplia (véase el proyecto de Declaración de la UNESCO, 1997).

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Los esfuerzos por y para un instrumento tienen que lograr:

  • garantizar los derechos individuales y las libertades culturales, situando los derechos culturales en relación con los derechos humanos en un sentido normativo, dentro de una lógica de desarrollo y de democratización pacífica.
  • Abandonar la lógica reduccionista de la excepción cultural para abrazar la nueva cultura de la economía y hacer resaltar la dimensión cultural de todos los bienes.
  • Cabe pensar en varios instrumentos que se completen entre sí, por ejemplo:
    1. Enfoque macro - Declaración amplia y firme sobre la diversidad cultural, si bien escueta. Se trata de dar una definición concreta a la diversidad cultural como bien que permite mayor libertad a la hora de escoger.
    2. Enfoque micro - Convención concreta sobre los productos de la diversidad cultural y sobre los derechos: declaración normativa que sigue la lógica de los derechos humanos. Desarrollo de programas.
    3. Enfoque meso - Entrar en detalles, estipulando las estrategias concretas que atañen a las instituciones (¿quién hace el qué y cómo lo hace?).
  • Estamos ante 3 objetivos, 3 textos, 3 estrategias, y 3 modalidades jurídicas.

Síntesis de los debates y comentarios:

Hubo división de opiniones sobre la necesidad de una nueva declaración, sobre la forma que debía adoptar, sobre la definición textual de la diversidad cultural, como también sobre el grado de énfasis que merecían los derechos culturales :

  • ¿Acaso convienen los textos generales ante la globalización, el totalitarismo y la caída del estado moderno?, o ¿no sería mejor ir respondiendo a los retos de la globalización y de las nuevas tecnologías uno por uno, en función de los compromisos adquiridos por los diversos países? ¿Acaso no sobran ya los textos normativos o declarativos?¿Existe algún riesgo? De lo que no cabe duda, es que hay que estar en medida de distinguirlos.
  • ¿Acaso necesitamos derechos democráticos que garanticen la identidad individual y que vengan a completar los derechos de las minorías (alcanzar lo colectivo a través de lo individual)?, o ¿hacen falta más bien derechos colectivos para asegurar la estabilidad del estado y salvaguardar los puntos de vista minoritarios no rentables (el denominador común es lo que conforma la identidad)? Al aludir a los derechos individuales, no hay que olvidar los del estado (del país) y los de las colectividades (las minorías que desean expresarse como tales).
  • ¿Acaso hay que entender la noción de diversidad cultural como una manera de convivir que abarque todas las actividades humanas?, o ¿en honor a la eficacia, no sería preferible hacer caso omiso de la dimensión creadora y de los objetivos actuales (OMC)? - cuando "todo" se convierte en cultura, la cultura termina por desaparecer (derechos humanos). ¿Acaso hay que dar respuesta a un reto concreto a la vez?, o ¿tener miras más amplias sobre la diversidad cultural, so pena de que se pierda la noción de política cultural como la entienden los Ministerios y acabar así con la política de las artes?
  • Un documento general no necesariamente conviene para los países en desarrollo, en los que hay que instaurar una política cultural nacional de protección y de
    fomento relacionada con el sector económico. La gestión de la diversidad cultural es un aspecto que merece sopesarse cuidadosamente a la hora de concebir un instrumento. Una declaración amplia pasa por la necesidad de garantizar una expresión cultural que se manifieste con fuerza en las diversas sociedades de los distintos países.
  • ¿Acaso necesitamos obligaciones directas con fuerza legal? o ¿no sería mejor evitar el fomento de las obligaciones negativas? ¿Con qué nuevas obligaciones habría que cumplir para lograr un instrumento normativo?

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1. b. La política cultural : presentado por Madelena Grossmann, encargada del Grupo de Trabajo sobre Gestión de la Diversidad Cultural ante el Consejo de Europa.

Objeto:

"Política cultural y diversidad cultural": presentar la política cultural del Consejo de Europa sobre diversidad cultural, especialmente en relación con los trabajos y resultados del Grupo de Trabajo sobre Gestión de la Diversidad Cultural.

El papel de defensor de la democracia del Consejo de Europa se ha ido convirtiendo en uno de promotor desde que se abrieron las puertas de Europa del Este en 1989; ante el recrudecimiento de la pobreza y las guerras étnicas que esta apertura trajo consigo, las preocupaciones empezaron a girar en torno a los principios de la democracia y de la ciudadanía cultural, es decir en torno al cuestionamiento ético de una política cultural (más que sobre los derechos propiamente dichos).

Durante la Cumbre de Viena (1993), se propusieron las medidas siguientes:

  • Objetivar la diversidad cultural o la noción de diferencia cultural.
  • Demostrar la contradicción existente entre el multiculturalismo (diversidad cultural) creciente en Europa y la noción de ciudadanía (nacionalidad).
  • Velar por la protección de las minorías en el marco de la democracia europea, reseñando los problemas culturales (que no políticos) a las que se enfrentan en el ámbito de los derechos humanos.
  • El Grupo de Trabajo partió de la contradicción entre la necesidad de una nueva política por causa de la diversidad y la necesidad de defender los intereses culturales mediante tal política: de lo que se trata es de apoyar una política cultural democrática que propicie la diversidad cultural. El estudio transversal de la gestión de la diversidad cultural muestra que pese a una larga historia de diversidad cultural, muchos países se ciñen hoy día a un mismo e idéntico discurso, que es el de la globalización. El informe de Tony Bennett habrá permitido distinguir los marcos problemáticos de la diversidad cultural y presentar las metodologías en relación con la historia de la integración en cada uno de los países, ya que la diversidad cultural tiene su propia historia (social, económica, cultural…). Pueden ser puntos de partida para los gobiernos (p. ej. definición de la terminología), pero también temas que hagan reflexionar sobre los recursos políticos de los que disponemos para la protección de la diversidad cultural.

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Síntesis de los debates y comentarios:

Los estudios transversales a nivel local que reflejan las preocupaciones concretas expresadas por el público pueden servir para proponer políticas culturales que respeten la democracia. La historia del interculturalismo y la tradición de manejar la diversidad cultural de los países son "modelos" que se podrían intercambiar en el marco de un diálogo internacional, de manera a confrontarlos a la evolución del multiculturalismo en nuestros tiempos. ¿Pero cómo pasamos de la historia a los derechos (normativos, democráticos…) y cómo los vinculamos con los instrumentos existentes? ¿Cómo lograremos conciliar la diversidad cultural que se halla enraizada en el contexto y en la historia de los países y el fomento de una noción universal? Por ejemplo, los instrumentos de política lingüística pierden su eficacia a nivel internacional a medida que las nuevas tecnologías van ganando terreno. No podemos desarrollar un instrumento sin disponer de herramientas sólidas.

¿Hay que optar por una política cultural sobre la diversidad o por una política en pro de la diversidad cultural, sin dimensión política intrínseca? ¿Cuáles son los recursos y cuáles son las metas de la política cultural? ¿Conviene ocuparnos de lo que está concretamente en juego, -p. ej. la necesidad de apoyar a las artes frente a la globalización- o acaso sería preferible darle a la cultura un sentido más amplio, asimilándola a la coexistencia de una diversidad de comportamientos sociales en una misma sociedad ? ¿Acaso no nos arriesgamos a que una noción demasiado amplia acabe con la cultura propiamente dicha? El multiculturalismo es un problema de política, pero no de política cultural. No obstante, no se pueden desvincular los comportamientos sociales de los culturales (turismo, educación, industria…).

Se trata de garantizar a todos y a cada uno, a cada cultura, el derecho de existir a nivel internacional, pero el imponer la diversidad cultural mediante derechos políticos equivale a restarle fuerza a este derecho a la existencia. ¿Cómo aseguramos su derecho a la existencia, aunque sea en su propio territorio (problema de la diversidad cultural, de la pobreza…)? Este aspecto ha quedado en el tintero por ahora. El problema se plantea en relación con el fomento de la diversidad y el desarrollo del gusto, y es preciso coordinar la acción cultural y educativa, movilizando los recursos humanos implicados por su identidad y su decidida influencia en los comportamientos sociales. Hay que definir la responsabilidad común de todos, puesto que si la persona individual tiene acceso a lo social, no hay que olvidar que esta persona individual tiene una responsabilidad para con lo social: se trata de rehabilitar los actores sociales y especialmente las instituciones culturales. Hay que ver como se hacen las cosas en otros sectores, ya que es necesario comprender la relación entre las prácticas sociales y las culturales. Se trata de un problema nacional de comunicación interna de los gobiernos, puesto que hay una brecha entre los servicios, especialmente entre los económicos y culturales. Hay que ver lo que se está haciendo a nivel económico, turístico, político, si queremos que estos esfuerzos sirvan también de apoyo a nuestras políticas culturales.

Hay que determinar los intereses a menudo contradictorios de los unos y de los otros de manera a establecer y a manejar los derechos, y hay que meditar sobre el cambio de sentido de la noción de ciudadanía; esto es por ejemplo un verdadero desafío para los estados multiétnicos en lo que se refiere a la integración de las minorías que, usando de su derecho a la autoidentificación individual, logran ser reconocidas colectivamente a nivel político, pero no así a nivel de la sociedad. La gestión de los intereses individuales o colectivos, es decir pertenecientes a un grupo, es un asunto difícil de resolver, ya que los derechos exclusivamente individuales pueden suponer una amenaza para los mismísimos intereses del individuo. ¿Cómo logramos responder a los intereses particulares sin perjudicar los intereses comunes? Tiene que operarse un cambio en la noción cultural de ciudadanía en las sociedades que se están fragmentando cada vez más.

De los debates se desprenden 2 caminos diferentes pero inequívocos, lo cuál merece interpretarse como un progreso.

Las intervenciones siguientes reflejan el concepto de diversidad cultural en Suiza, donde adquiere una noción de paz, de coexistencia pacífica y de comprensión entre comunidades culturales diversas que conviven en un mismo país. Los ponentes se plantearon diversas interrogantes sobre aspectos concretos del concepto suizo, que propone la gestión de la diversidad cultural como alternativa al roce de las culturas.

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2. a . Las lenguas: presentado por Jean-Pierre Gern, profesor honorario de la Universidad de Neuchâtel.

Objeto:

La manera en que Suiza se ocupa de la integración de los inmigrantes, es decir adaptando la experiencia adquirida en su integración nacional de lenguas.

Suiza se desarrolló como país merced al federalismo y al multiculturalismo, fundamentándose en una mayor soberanía de los cantones y en la descentralización de determinados poderes. De este manera, llegó a consagrarse el plurilingüismo como respuesta ante esta voluntad de independencia y de diferenciación de las regiones, y garantía de la estabilidad de la Confederación: pese a una interpenetración cada vez mayor de las lenguas, el predominio del alemán hizo ver la necesidad de proteger a las minorías, afirmando así la noción de la barrera lingüística, en un clima en el que había que repartirse la tarea para poder llegar a un entendimiento. El multiculturalismo "suizo" no ha terminado de desarrollarse y sigue inspirando cierto temor: ¿Acaso se comprende claramente en Suiza lo que representa el interculturalismo, es decir, la interacción de diversas culturas que se respetan entre sí?

¿Cómo se plasma todo esto en la integración de extranjeros, habida cuenta de las 194 nacionalidades representadas en Suiza? En este país, la lengua supone la afirmación de la identidad cultural y este es un principio reconocido. Pero la colectividad debe dejar un espacio de expresión cultural a cada cual, creando el entramado social dinámico que hace falta para poder mantener el diálogo sobre la unidad en la diversidad. ¿Puede la multiplicidad de papeles que desempeña la lengua (como vehículo, para comprender el mundo, para expresar una identidad) asegurar el desarrollo de este entendimiento mutuo? Si el hecho de abrazar el idioma del lugar parece tener una connotación de sumisión de la identidad, convirtiéndose en un instrumento de poder, ¿cómo se puede realizar el bilateralismo lingüístico en la integración?

Suiza aventaja a los países "monoculturales" debido a su experiencia histórica en la que ha imperado el aprendizaje generalizado de una segunda lengua, así como por ser el marco tradicional de un universo cultural más extenso. Pero ¿acaso es suficiente esta ventaja para resolver los fenómenos de exclusión nacidos de la nueva economía de las sociedades industrializadas (que atañen no sólo a los extranjeros, sino a los Suizos también), y que son fruto de una importante dualización al operarse una diferenciación social en función de los conocimientos lingüísticos?

El obstáculo del idioma es una barrera que impide que ambos lados se encuentren al tiempo que les obliga a respetarse mutuamente y a respetar sus diferencias; la noción de cultura conduce a una dialéctica a dos niveles, el día a día, o cultura etnológica, y la cultura académica que todos comparten y que debería ser la tendencia… El diálogo intercultural contribuye al desarrollo del progreso cultural.

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Síntesis de los debates y comentarios:

Estaba claro desde el principio que ibamos a trascender el marco de las lenguas :

  • La gestión de la diversidad cultural con vistas a la paz está ligada a la inmigración, fenómeno que va ineludiblemente en aumento. Ante esta situación, el fomento de la cultura ya no basta por sí solo, y se impone una política de inclusión. Suiza ha salido airosa de sus esfuerzos de coexistencia pacífica, pero anda algo atrasada en lo que se refiere a integración: la riqueza de los intercambios que ofrece la diversidad cultural debe ser una meta de por sí, pudiéndose por ejemplo insistir en el poder universalista de cada idioma con vistas a obtener una interacción lingüística sobre temas fundamentales.
  • Al tema de la lengua y de los inmigrantes, viene a añadirse el problema del conflicto entre las minorías lingüísticas de siempre y de ahora, con sus respectivas reivindicaciones territoriales…pero ¿acaso se puede asimilar la identidad (lingüística, entre otras) a una pertenencia geográfica?
  • La tolerancia de los extranjeros también tiene que ver con la coyuntura económica, es decir que depende de un contexto favorable que propicie la coexistencia pacífica. Pero ¿cómo se puede manejar la diversidad cultural pacíficamente en una sociedad en que las minorías de inmigrantes que no se han integrado controlan gran parte de la economía? Hablar de diversidad cultural equivale a manejar los conflictos. Las autoridades que organizan la sociedad suelen mantener el orden sin miramiento a las expresiones de rebeldía. El poder impone la coexistencia pacífica más bien que el diálogo intercultural. Es importante que los gobiernos que se esfuerzan por ofrecer la posibilidad de expresarse a todos, inclusive a las minorías, tengan unos objetivos claramente definidos. En los países colonizados, la lengua se convierte a veces en un instrumento de exclusión frente a las instituciones que limitan este derecho de expresión de la cultura y de la identidad, cuando en realidad debería ser un instrumento de poder para cada uno. El hecho de colocarle etiquetas a las lenguas hace que muchas de ellas se vean extirpadas de todo su poder; es más, ¿quiénes son los que deben comprometerse a defender el carácter específico de las lenguas menos habladas (memoria lingüística), el traspaso de los valores culturales, del saber? La diversidad cultural es una cuestión que atañe a los países pobres, pero que también surge ante la ausencia de rentabilidad de la cultura de un país (ya sea rico o pobre). El respeto y el reconocimiento de la identidad cultural también pasan por una redistribución de los bienes.
  • Existen otras divisiones que fomentan la pobreza, como por ejemplo el retraso tecnológico. La gerencia de una sociedad multicultural es también un problema de generación y de raza (ruptura o cortes en la diseminación de la información y de la cultura).
  • En una sociedad plurilingüe, ¿cuál es la verdadera experiencia cultural? ¿Dónde se sitúa exactamente el lazo entre el idioma y la experiencia cultural? Cabe resaltar asimismo que el inmigrante tiene tendencia a querer adaptarse a la lengua y a las costumbres del país que le acoge. La diversidad cultural es una cuestión de libertad, y no se puede imponer. Hay que darles a las personas el derecho de desarrollar sus propias libertades (p. ej. permitir que se identifiquen con la nueva sociedad, que escojan el sistema de enseñanza del país anfitrión y que aprendan el idioma de cara a obtener una nueva ciudadanía, sin olvidar que la lengua forma parte de la identidad), y no tratar de organizar la diversidad de cada cual. En vista del evidente problema que supondrá la inmigración en el futuro, hay que adoptar políticas de inclusión, ¿pero a qué nivel ? ¿cultural, pluridisciplinario? El problema de la lengua es ineludible (consenso).
    El debate entra en consideraciones que van más allá de la política que suelen aplicar los Ministerios de Cultura (véase el carácter experimental de la Sesión de Trabajo), y que siguen girando en torno a una política de diversidad cultural en lugar de una política cultural en pro de la diversidad.

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2. b . Política cultural de sociedad: presentado por la Sra. Ursula Rellstab, periodista, promotora a nivel europeo e internacional del programa "Cultura de Barrio" (iniciativa común en la que participan diversas ciudades europeas y africanas).

Objeto:

¿Política cultural o políticas de diversidad cultural? El interculturalismo como tema transversal para un ejercicio de reflexión general y el estudio de aspectos concretos (educación, aspectos sociales, economía, artes y letras). La política de las artes al servicio de lo intercultural y el apoyo que deben ofrecer las políticas a la integración y a la gestión del multiculturalismo en los medios artísticos.

Se pueden distinguir cuatro formas de cultura interdependientes, y cada una de ellas puede integrar el interculturalismo:

  • Institucional: Los intercambios interculturales pueden aportar impulsos e ideas novedosas mediante la tematización del interculturalismo o el interculturalismo de los equipos.
  • Independiente: La ausencia de restricciones favorece una labor intercultural que permite el diálogo, los intercambios, e incluso una creación compartida novedosa.
  • Aficionados: Con un apoyo especializado, las actividades artísticas interculturales, en las sociedades en que las diferencias son fuente de conflicto o de pobreza, contribuyen al diálogo, al respeto mutuo, incluso al fomento de las prácticas democráticas (escoger acciones en común).
  • Día a día: El conjunto de servicios y de prácticas sociales que caracteriza el interculturalismo de las ciudades y de los barrios multiculturales es fuente de diálogo.

Estos cuatro entornos son permeables y se prestan a la interacción. Son fuente de enriquecimiento individual y social, como también de innovación, y todas merecen el apoyo de la administración y de las políticas para manejar el creciente multiculturalismo de nuestra sociedad. Hay que adaptar los presupuestos, como también desarrollar la formación de gestores culturales que puedan servir de guías a los actores sociales; las actividades artísticas deberían combinarse con actividades cívicas de aproximación, y desempeñar un papel de mediación democrática. También hay que alentar la colaboración interdisciplinaria.

El arte no debería sacrificarse en provecho de lo socio-cultural, y una intensificación de su práctica, a todos los niveles, puede mejorar nuestra vida cotidiana que es decididamente intercultural.

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Síntesis de los debates y comentarios:

La ciudad, el barrio son excelentes laboratorios en los que proponer la actividad artística como factor de integración que puede resultar a nivel nacional, pero hay que tener misiones concretas. ¿Cuáles son las repercusiones de una política cultural de fomento a nivel local? Si bien es cierto que los artistas pueden ayudarnos a ampliar nuestros horizontes y a vivir mejor, no hay que olvidar que las artes siguen siendo libres y que no pueden ser objeto de ingerencias que pretendan cumplir con objetivos sociales. No faltan ejemplos de que los artistas se niegan a ser instrumentalizados, ya sea como deudores sociales o gerentes financieros. Esta labor le corresponde a las instituciones, cuyos presupuestos más extensos deben apoyar las actividades creativas de los aficionados. El papel de una política pública de apoyo cultural no consiste en cumplir con una necesidad social, como tampoco en dirigir las instituciones como si de empresas se tratara, ni en reglamentar las actividades creativas en función

de lo que puedan aportar en términos financieros, sino en ayudar a la creación sin ánimo de lucro como beneficio social a nivel de expresión, so pena de generar la polémica al apoyar una manifestación artística que no se pueda defender.

¿No sería mejor dedicarnos a apoyar única y exclusivamente las formas artísticas rentables para no convertirnos en un país culturalmente inferior? Se trata ante todo de preservar y de alimentar nuestras culturas, de garantizar la supervivencia de los artistas y de las colectividades (sobre todo en los países en los que se hablan lenguas minoritarias). Hay que favorecer el préstamo de obras en ambos sentidos, realzar el patrimonio, propiciar la circulación de los artistas. Pero existe un problema de robo en los intercambios interculturales: el origen de las riquezas debe ser reconocido y se debe asegurar la retribución de la producción. Hay que crear vínculos entre los diversos ministerios de manera a asegurar esa retribución, especialmente en el contexto de la globalización: ¿cuál es el destino de esta retribución y quién se beneficiará de ella? No se trata de poner barreras ni de tomar medidas proteccionistas, sino de garantizar que damos a nuestra cultura la visibilidad que se merece para poder participar en el diálogo internacional. En los casos en que la totalidad de la producción nacional esté al margen de todo beneficio, la protección oficial de la cultura mediante el arte debe formar parte de los derechos culturales. Pero hay que estar al tanto de lo que puede costar une producción nacional que pudiera terminar siendo rentable, y existe un problema de limitación de presupuestos debido a la aparición de minorías y a la diversificación de los grupos étnicos. En vista de que cada cual es libre de apreciar el arte como estime oportuno (¿qué cultura es la mejor?), hay que adoptar una política que ayude a las artes de manera eficaz fomentando la excelencia como "único medio de intercambio". Existe un fuerte consenso sobre la necesidad de impulsar la excelencia de la creación local, regional y nacional con vistas a entablar un diálogo internacional en el contexto de la globalización, ofreciendo el apoyo que conviene, cualquiera que sea el contexto político: la primera tarea consiste en asegurar el dinamismo de nuestra cultura para estar en condiciones de dialogar. Se debe de plantear la noción del voluntarismo intercultural: hay que desarrollar el gusto por la educación y por la formación artística, y esto requiere medios. Se debe adoptar, asimismo, un nuevo lenguaje que presente la diversidad cultural como el medio de definir los entes individuales de una multicultura (como elemento generador de una nueva forma de vida, mediante la afirmación de una identidad plural a nivel local, regional y nacional). En este sentido, el fomento de la creatividad en diversos sectores, junto con una política exterior comercial y cultural, representan una inversión de cara al futuro. Un análisis a nivel local de la realidad del interculturalismo, en el contexto de una política inclusiva, demuestra que hay que estudiar lo que ocurre en otros sectores, que han tenido que modificar o reformar sus instituciones para atender mejor al público, encontrar nuevas herramientas, nuevas formas de crear instrumentos.

Se apoyó la propuesta de utilizar las artes (en sus conceptos día a día, aficionados, e institucional) como vías de coexistencia, de mediación y de participación a nivel urbano y en los barrios. Una política inclusiva que se valga de las artes ha de favorecer la educación, la formación, la mediación, la participación y la redistribución de los presupuestos. ¿Podemos aumentar los presupuestos o hay que redistribuirlos? Esta cuestión altamente política trasciende la órbita de los Ministerios de Cultura. Hay que desarrollar un lenguaje nuevo para entablar un debate entre los países.

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2. c . La Diversidad cultural en el contexto urbano : presentado por la Sra. Rebekka Ehry, etnóloga, coordinadora de asignaturas en la Universidad de Basilea, y redactora de una declaración sobre política de integración (libro blanco) para el cantón de Basilea - Ciudad.

Objeto:

Presentar la gestión de la diversidad cultural en el contexto urbano, siguiendo el ejemplo de la ciudad de Basilea, bajo una perspectiva de análisis social, es decir, estudiando el fenómeno de la migración, la política de integración y la planificación urbana.

La interrogante relativa a la percepción que se hace la población de los inmigrantes y las cuestiones de desarrollo social en el entorno urbano han sacado a relucir la noción de cultura a lo largo de los debates sobre la revitalización urbana de los barrios en los que residen un elevado índice de extranjeros. Una primera observación : las posibilidades de integración van menos condicionadas por las características de los inmigrantes (cuyo número es por cierto mayor de lo que se percibe) que por la política oficial de integración y de desarrollo urbano: ¿quién produce la cultura y quién queda al margen de ella? Las respuestas definen las nuevas formas de exclusión que se trata de combatir.

En el contexto de la globalización, las ciudades se han visto obligadas a reaccionar ante la presión de la competencia, desarrollando programas de "revitalización". En el programa político de 1997-2001, una de las cuatro prioridades de la ciudad Basilea consistía en embellecer la ciudad para atraer a un mayor número de "buenos" contribuyentes. Entre las soluciones propuestas, se procuró fomentar la integración, ya que los extranjeros eran percibidos como una amenaza por la posible llegada de gente interesante; naturalmente, la retórica oficial aducía que se estaba obrando por el bien del 27% de no Suizos que cuenta la ciudad (Basilea, ciudad industrial en la que hallan empleo numerosísimos trabajadores y cuyos suburbios conocen una gran concentración de inmigrantes, registra un reducido índice de naturalización, al igual que el resto del país).

Se desarrollaron dos programas de renovación urbana fundamentalmente distintos. El primero iba encaminado a las regiones suburbanas que constan principalmente de inmigrantes y, el segundo, a lograr embellecer la imagen de la ciudad de Basilea con la participación de ciudadanos "normales" que utilizaron la inmigración como argumento para justificar su causa. Y este es el punto en el que convergen la política de integración y la de la planificación urbana. La retórica de estos programas ha dado lugar a una discriminación del multiculturalismo, ya que no hubo ni un solo programa "participativo" que no excluyera la realidad cultural de los no Suizos y de las clases inferiores suizas: los ingresos generados por la nueva economía han logrado así acentuar la polarización de las nuevas clases medias y de la nueva pobreza, ahondando aún más las diferencias culturales.

En su libro blanco, la Sra. Ehry preconizaba el fomento de la integración mediante las medidas siguientes:

  1. Renunciar al enfoque de la Deficiencia de los años 60-70 (asimilación - es decir, sin considerar la cultura del otro), ya que hay que ver los recursos, las posibilidades de cada uno.
  2. Abrazar el determinismo de la Diferencia cultural de los años 80-90 de cara a una política de integración sostenible, a condición de hacer que las diferencias se codeen en un marco cuidadosamente reglamentado, mediante el análisis de las diversas situaciones sociales y la supresión de las barreras estructurales.
  3. Hacer frente al problema de integración de toda la sociedad, incluyendo a los "otros" y a los Suizos, para determinar cuáles son las estructuras que fomentan la desigualdad social, y luchar así contra la Discriminación de cada cual.

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De hecho, es posible fomentar la idea de diversidad cultural y manejarla en un sentido creativo, y quizás lo hagamos con mayor discreción si conseguimos restarle importancia a la idea de diferencia cultural, al tiempo que la colocamos bajo una nueva perspectiva que tome en cuenta la distribución y las prioridades del poder.

Síntesis de los debates y comentarios:

Tras la intervención relativa a la gestión de la diversidad cultural desde el punto de vista de las lenguas (plurilingüismo), se planteó este mismo tema bajo el ángulo de los aspectos sociales: la ciudad es el lugar por excelencia donde anida la diversidad (cultural), pero ¿es acaso un lugar de integración y de cohesión social? En caso afirmativo, el modelo se puede aplicar a nivel nacional. Pero la ciudad es también el lugar en que se representan los intereses (con el correspondiente riesgo de polarización).

¿En qué consiste la meta de la política de integración ? ¿Se trata de la coexistencia pacífica ? De la movilización de recursos humnos de cara al desarrollo sostenible ? ¿De fomentar la igualdad frente a las estructuras? ¿Se trata de integración? ¿De reconocimiento ? ¿De asimilación ? ¿O de apreciación? En el desarrollo y la gestión de una política de integración, ¿quién asume la responsabilidad de representar oficialmente a las comunidades en relación con su diversidad? ¿Cómo? ¿Cuándo? En el campo de la participación política, el término distribución del poder es importante en la noción de la diversidad cultural (las agrupaciones culturales representan un potente medio para obtener fondos). ¿Qué proyecto social para qué identidad cívica? ¿Y cómo se construye una identidad cívica ? Para la Sra. Ehry, los esfuerzos tienen ir enfocados hacia las estructuras que dan lugar a la exclusión, como también hacia las que impiden tal exclusión. Existe una necesidad de intercambio con los países que ya han pasado por problemas de integración.

La "culturalización" constante de los problemas sociales resulta peligrosa, ya que no podemos esperar que la cultura solucione todos los conflictos. Hay que establecer grupos de estudio para medir determinados aspectos con toda precisión. La cultura puede, por ejemplo, servir de recurso para una política de integración en el entorno urbano (planificación cultural). Es necesario dar un nuevo enfoque a las políticas (de integración, de renovación urbana y de cultura).

Una política para la diversidad cultural no debe dar a entender que la diversidad cultural constituye una política. Si la integración resulta más fácil cuando hay similitudes (ej. razas), el hecho de disolver o de borrar las diferencias culturales, ¿no supone acaso una pérdida de las ventajas del multiculturalismo que, por le contrario, tendrían que traslucirse? ¿Qué es lo que aportan los inmigrantes a una comunidad? ¿Cuál es la plusvalía cultural de la integración urbana de las diversas poblaciones? ¿Hasta dónde se puede llegar en la diversidad sin caer en el tribalismo ? Habrá conflicto con los hijos de los inmigrantes. Es necesario establecer la diferencia entre el debate, en el ámbito político, del interculturalismo de las culturas y la noción centralizada de la cultura. La riqueza no es la ambición de la gente, sino lo que ésta se propone para su vida, pero hay que ver igualmente a las personas como "seres culturales", creadores de sentido.

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Conclusión del Presidente:

Esta Sesión experimental de Trabajo ha resultado muy positiva, ya que ha permitido demostrar, sin lugar a dudas, la naturaleza polisémica de la diversidad cultural, y que debido a esa multiplicidad de sentidos, ella se dispersa en todas direcciones, trascendiendo el ámbito de las políticas culturales.

Cabe plantearnos la posibilidad de vincular el estudio del tema de la Gestión de la Diversidad Cultural con el cometido del Grupo de Trabajo sobre Diversidad Cultural y Globalización. Podría tratarse de un subgrupo de estudio, que podría ser presidido por Suiza (de no haber otro candidato miembro de la RIPC), y que presentaría sus conclusiones en ocasión de las Reuniones del Grupo de Trabajo, o de ponencias de la misma índole que propondrían los países anfitriones de las Reuniones del Grupo de Trabajo o el país a cargo de la presidencia de la RIPC. Por su característica de análisis vertical de los recursos necesarios para asegurar una buena gestión de la diversidad cultural, estos estudios podrían ayudar a "orientar" la tarea en el sentido del desarrollo de un instrumento. Se estudiará la propuesta durante la Conferencia de los Ministros. De cara a la Conferencia de Lucerna, Suiza presentará un breve documento de trabajo (de 2 á 3 páginas) que hará resaltar los puntos más destacados, así como el "catálogo" de las cuestiones y ponencias que se habrán de someter a los Ministros, previa aprobación de la Consejera Federal de la Confederación Helvética.

Complemento

A petición del Presidente del Grupo de Trabajo sobre Diversidad cultural y Globalización, Sr. Skok, el Presidente, Sr. Wicht, ofreció un resumen complementario sobre los aspectos de la Sesión de Trabajo sobre la Gestión de la Diversidad Cultural, pertinentes a la elaboración de un instrumento:

A. Tomar conciencia del hecho que la diversidad cultural como problema político trasciende las políticas culturales. No se debe permanecer ajeno a los límites del instrumento, ya que no podrá recogerlo todo.

B. El instrumento debe concentrarse en determinados campos para dar respuesta a retos concretos (la cultura no es sinónimo de política cultural). Es inevitable tener que limitar el instrumento: irá adquiriendo eficacia a medida que se planteen cuestiones concretas.

C. No obstante, el preámbulo puede recalcar lo siguiente:

  1. La complejidad del problema de la diversidad cultural. Debe considerar el tema en su conjunto e identificar une serie de interrogantes:
    • Lenguas, inmigración, cuestiones urbanas, etc…
    • ¿Derechos individuales o derechos colectivos y comunitarios?
  2. La necesidad de pasar del nivel macro al nivel micro, es decir de seguir una intensidad progresiva, mediante 3 afirmaciones:
    • La diversidad cultural forma parte del bien común sobre el que se pueden asentar y extender las libertades (cimientos).
    • La diversidad significa interacción para una sociedad dinámica y no se limita a un simple derecho a la diferencia o al relativismo cultural (por oposición a la tribu o al ghetto, y por oposición al relativismo cultural).
    • La diversidad significa el respeto hacia la dignidad humana.
  3. Afirmar que para estar en condiciones de participar a los intercambios y a la interculturalidad en el contexto de la globalización, es menester propiciar la cultura, la expresión artística y la excelencia tanto a nivel local, como regional y nacional.
    • Necesidad y obligación de salvaguardar y afirmar la libertad del estado.

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Participantes :

Presidente de la Sesión de Trabajo:
Sr. Bernard Wicht, Suiza

Representante de la presidencia Suiza de la RIPC:
Sr. David Streiff, Suiza

Representante de la Oficina de Enlace del RIPC:
Sra. Josée Arbique

Representantes de los países miembros de la RIPC:
Sr. Steven Sack, Rep. Sudafricana
Sr. Ruffus Matibe, Rep. Sudafricana
Sr. Antonio Rudder, Barbados
Sr. Vladimir Skok, Canadá
Sra. Christina Green, Canadá
Sr. David Atkinson, Canadá
Sr. Claude Baillargeon, Canadá
Sra. Naima Balic, Croacia
Sra. Sophie Valais, Francia
Sr. Marios Kostakis, Grecia
Sr. Sydney Bartley, Jamaica
Sra. Åse Vollo, Noruega
Sra. Silje Thingstad, Noruega
Sra. Ineke Bink, Países Bajos
Sr. Leonid Makarchenkov, Rusia
Sr. Mikhail Schultz, Suecia
Sr. Toni Linder, Suiza
Sr. Nicolas Mathieu, Suiza
Sra. Hermia Tyson-Cuffie, Trinidad y Tobago

Representante de organizaciones internacionales:
Sra. Katérina Sténou, UNESCO

Representantes invitados del GT del Consejo de Europa:
Sra. Andrea Ellmeier, Austria
Sra. France Lebon, Bélgica
Sr. Antony Galabov, Bulgaria
Sr. Greg Baeker, Canadá
Sra. Madelena Grossmann, Secretaría General
Sra. Ursula Rellstab, Suiza

Expertos independientes invitados:
Sr. Ivan Bernier, Universidad Laval, Canadá
Sra. Rebekka Ehry, Universidad de Basilea, Suiza
Sr. Patrice Meyer Bisch, Universidad de Friburgo, Suiza
Sr. Jean-Pierre Gern, Universidad de Neuchâtel, Suiza

Documento redactado por Nicolas Mathieu, agente interino de los Asuntos Internacionales de la Oficina Federal de la Cultura, Suiza, y aprobado por el Sr. David Streiff, Director de la Oficina Federal de la

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