Ponencias temáticas
La gestión de la diversidad cultural en el Siglo XXI
Elemento central de inquietud de diversos organismos internacionales
y de numerosas naciones, el concepto de “diversidad cultural”
se define de manera marcadamente diferente en cuanto a los principios
sobre los que se funda, según sea por ejemplo considerada
desde el punto de vista social o bien desde el enfoque de la creatividad.
Así lo testimonian las diferencias en los compromisos
relativos y las medidas recensadas, constatación que conduce
a la necesidad de llevar a cabo – sobre todo en el contexto
de la elaboración de un instrumento de alcance internacional
– una reflexión sobre la adaptación de un marco
para la “gestión de la diversidad cultural”.
La naturaleza polisémica de la diversidad cultural, especialmente
en función de los contextos locales, regionales, nacionales
e internacionales, obliga a adoptar un enfoque transversal y por
ello plantea un desafío para la integración adecuada
y completa de las políticas culturales.
Los fenómenos vinculados a la globalización–
tales como la liberación del comercio, las fluctuaciones
demográficas, la fractura socioeconómica o la creciente
urbanización de la población – concretizan esos
nuevos elementos en juego. De esa manera, al igual que es innegable
que la diversidad de la oferta cultural debe ser protegida y fomentada,
también deben encontrarse otras soluciones para asegurar
el reconocimiento de lo individual y el respeto de cada quien, a
fin de
llegar finalmente a una convivencia de comunidades de culturas diferentes
en un clima de paz y democracia. La creación de un ambiente
favorable para el intercambio entre agrupaciones de sensibilidad
cultural diferente en el ámbito nacional e internacional,
al igual que el fomento del diálogo entre culturas adecuado
para forjar sociedades que perciban la diversidad como una ventaja
sociocultural son desafíos que enfrentan las políticas
culturales, capaces de contribuir en gran medida a favorecer una
mayor cohesión social, reducir la pobreza y prevenir los
conflictos.
En cuanto elemento que efectivamente interviene en todos los niveles
de la sociedad, la cultura debería, en lo sucesivo, estar
presente en el núcleo de toda reflexión política,
social e incluso económica. Es por lo tanto necesario que,
a partir de ahora, las políticas culturales adopten estrategias
en cooperación con otros sectores y que la sociedad civil
también participe en dicho proceso. A fin de elaborar esa
reflexión a partir de una aplicación específica
y concreta en un contexto nacional definido, Suiza propone presentar
su propuesta de “modelo” para que sirva de punto de
partida para el debate, siguiendo su concepto de diversidad cultural
definida como noción de paz, de coexistencia pacífica
y de comprensión entre las comunidades culturales diferentes
que existen en un mismo país, al igual que en función
de su enfoque político de ciertos aspectos específicos
de la gestión de la diversidad cultural. Suiza vive la diversidad
cultural como una tradición y mantiene dicha diversidad mediante
iniciativas en materia de política cultural que ha logrado
gestionar con éxito hasta el día de hoy.
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