1999 - Discursos de inauguración
Rafael Tovar
Presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
México
Para México es un gran honor ser hoy la segunda sede de
la reunión anual de países integrantes de la Red sobre
Políticas Culturales.
A nombre del señor Presidente de México, doctor Ernesto
Zedillo Ponce de León, doy a ustedes la más cordial
bienvenida a nuestro país y les deseo la mejor de las estancias
en él, así como que los trabajos de esta reunión
sean del mayor provecho para los países que representan,
para la Red que los agrupa y para cada uno de ustedes en lo personal.
Creemos que la inquietud de varios países que hace un año
dio nacimiento a este importante foro, encontrará en este
lugar, en el estado y la ciudad de Oaxaca que hoy nos reciben, el
más favorable marco de análisis, de reflexión
y de diálogo.
Oaxaca es un estado de la República Mexicana representativo
de la riqueza y la diversidad cultural que caracterizan a México,
de su condición de país esencialmente multicultural
y pluriétnico.
Habitado por la mayor población indígena del país,
perteneciente a diferentes comunidades étnicas y lingüísticas
hablantes de 15 de las más de 60 lenguas indígenas
que aún se hablan en México, al igual que por población
que da cuenta de nuestro complejo mestizaje a lo largo de los últimos
cinco siglos, Oaxaca ofrece una fiel imagen de lo que ha sido la
historia de México y de lo que ha sido y es su cultura, que
han dejado aquí, y siguen produciendo, riquísimos
testimonios.
En particular, este Ex Convento de Santo Domingo, edificado en
el siglo XVI, tiene un gran significado. Hace un año, después
de ser objeto de uno de los más grandes proyectos de restauración
de esta década en México, reabrió sus puertas
convertido en el Centro Cultural Santo Domingo que hoy nos aloja.
Esta magna obra de rescate y restauración arquitectónica
representa en nuestro país un nuevo modelo de la colaboración
entre el sector público, el sector privado, la comunidad
cultural y la sociedad civil en la preservación del patrimonio
cultural y en su habilitación como ámbito ideal para
el desarrollo de las más diversas facetas de la vida cultural.
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Este lugar es, en este sentido, particularmente representativo
de la política cultural mexicana y de la importancia que
México otorga a la cultura como un componente fundamental
de su política de desarrollo social, que integra y vincula
estrechamente los distintos servicios básicos que se brindan
a la población como requisitos de la calidad de vida, del
bienestar y del desarrollo nacional.
Parte fundamental de la política cultural de México
es también el diálogo permanente con otros países
y regiones del mundo, como corresponde a una cultura que, como la
mexicana, como la que hoy es plenamente visible aquí en Oaxaca,
ha estado abierta a lo largo de la historia a encuentros, síntesis
y fusiones entre pueblos indistintos y corrientes y tradiciones
provenientes de todas las regiones del mundo.
México, por eso, acogió con un gran entusiasmo la
idea ser el anfitrión de la Red sobre Políticas Culturales
que fue el valioso fruto del encuentro ministerial sobre cooperación
cultural internacional que se llevó a cabo en el mes de junio
de 1998 en la ciudad de Ottawa, promovido y auspiciado por la señora
ministra de Patrimonio de Canadá, Sheila Copps, para enriquecer
la discusión y contribuir a llevar a la práctica el
plan de acción adoptado, ese mismo año, por la Conferencia
Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el Desarrollo
organizada por la Unesco en la ciudad de Estocolmo.
En este marco, lejos de reemplazar o duplicar a mecanismos, espacios
o acciones ya existentes para el debate, el intercambio y la cooperación
internacionales en el terreno cultural, la Red sobre Políticas
Culturales se ha propuesto ser una fórmula innovadora que
los complemente y que actúe coordinadamente con ellos. Sus
particulares características le dan la posibilidad de aportar
formas y vías especialmente eficaces y favorables para el
estudio de los múltiples temas que están haciendo
aparición en el horizonte de la cultura, y el desarrollo
cultural, en el mundo.
El carácter abierto y flexible de la Red como un mecanismo
de permanente contacto y de intercambio de información, se
enfoca, precisamente, a propiciar un diálogo cercano, libre
y positivo alrededor de las preocupaciones compartidas por los países
participantes. Esto se refleja en el concepto de sus reuniones anuales,
concebidas como un grupo de trabajo reducido que en un encuentro
de carácter informal pueda verdaderamente ahondar con entera
libertad en los temas y aspectos más trascendentes de la
agenda cultural internacional.
Consideramos necesario subrayar que esta nueva propuesta no constituye
una iniciativa aislada. En prácticamente todo el mundo, hoy
es posible observar inquietudes y tentativas de generar nuevas formas
y espacios de comunicación entre países y regiones.
En una época marcada por una profunda y creciente interconexión
entre los distintos países, que logra prevalecer sobre las
diferencias ideológicas o los intereses que antes los separaban,
se percibe la necesidad de encontrar nuevos y fluidos canales que
correspondan a la velocidad y a las nuevas formas de los intercambios
ya que se producen en lo político, lo económico, lo
científico y tecnológico y lo relativo a la información
y la comunicación.
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Es natural que esta búsqueda de nuevas formas de comunicación
sea mayor todavía en el ámbito cultural.
Asistimos, indudablemente, al inicio de una etapa de profundos
cambios culturales y de redefiniciones del papel de la cultura en
el conjunto de las transformaciones que está viviendo y vivirá
el mundo. Si uno de los grandes logros de las tareas relacionadas
con el quehacer cultural fue, en este siglo, la especialización
que alcanzaron y la conciencia social que consiguieron despertar,
en el próximo lo más probable es que presenciemos
una inevitable interconexión o era de sinergia y fertilización
cruzada de los más diversos campos de la actividad del conocimiento
humanos.
Las decisivas revoluciones que están ocurriendo en el campo
de la ciencia, por ejemplo, tienen inevitables consecuencias en
la dimensión cultural del hombre, y al mismo tiempo la cultura
es capaz de influir en su orientación y en la definición
de sus posibilidades y sus límites. Mientras la revolución
científica y la revolución informática preparan
los cambios radicales en la vida humana que caracterizarán
al siglo XXI, se abren a la cultura caminos antes insospechados
de expresión y afirmación pero que apenas empiezan
a ser recorridos.
La cultura enfrentará riesgos como los que ya los propios
humanistas de nuestro tiempo, entre ellos algunos de los más
significativos, nos empiezan a señalar: los rezagos y vacíos
que pueden vivir las humanidades, y su disociación del ritmo
de cambio de la mente humana por el desarrollo científico
y tecnológico y, por otra parte, del ritmo de transformación
de la vida humana por el desarrollo económico y social.
En este sentido, una de los más grandes desafíos
que afrontaremos en el siglo XXI será el de salvar las divergencias
y fracturas entre el campo científico y tecnológico
y el campo humanístico y artístico, evitando la tensión
que hoy muchos pensadores consideran capaz de desembocar en una
crisis dentro de la cultura y el pensamiento contemporáneos.
De no reconocer la necesidad de establecer o profundizar estas
vinculaciones entre órdenes diversos, es decir, de no actuar
para situar al trabajo cultural al mismo ritmo de los cambios que
afectan al mundo, tal vez hoy como nunca se correría el riesgo
de ver surgir también una brecha insalvable entre economía
y desarrollo cultural; entre globalización y diversidad cultural;
entre educación y cultura; y entre desarrollo político
y pluralidad social.
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Se nos ha dicho que en el próximo siglo la reconfiguración
del orden mundial dependerá menos de las particularidades
ideológicas, políticas y económicas entre los
pueblos que de las culturales, es decir, que las fronteras culturales
o de civilizaciones, tenderán a aflorar con mayor fuerza
que las políticas o económicas. Si es así,
habría múltiples razones para encauzar las fuerzas
culturales hacia la afirmación de las identidades locales
y nacionales sin exclusivismos ni confrontación, sino para
beneficio de un mundo pluralista y multicultural verdaderamente
capaz no sólo de aceptar las tendencias globales del desarrollo
sino incluso de reforzarlas y darles una orientación plenamente
humana.
Creemos por eso urgente el enriquecimiento y la seria y cuidadosa
revisión de la agenda cultural que ha prevalecido en los
últimos años. Más allá de los grandes
temas que la han marcado en el pasado reciente y que seguirán
teniendo vigencia durante mucho tiempo, es hoy aconsejable incorporar
a ellos la consideración rigurosa de las tendencias que ya
se advierten en todos los campos esenciales del desarrollo humano
y que habrán de originar en el siglo XXI cambios de igual
profundidad a la de otros momentos han marcado la historia humana.
Una reunión como la que hoy emprendemos ratifica el compromiso
de muchos países con esta reflexión de gran importancia
para su proyecto futuro compartido. Se trata, en este sentido, no
sólo una reflexión de fin de siglo, dirigida a evaluar
lo que fue y lo que nos deja el siglo XX, sino también de
una reflexión del inicio de un nuevo milenio, capaz de visualizar
lo que está por venir.
Consideramos que los tres grandes temas de trabajo y discusión
propuestos para esta reunión "Patrimonio a Fin de Siglo",
"Los Actores de la Cultura" y "Los retos de la Cultura
frente a la Globalización" encierran muchas de las preocupaciones,
de las ideas y los planteamientos que serán los que en el
futuro próximo se estarán discutiendo también
como puntos medulares del análisis de la política
cultural y de su papel determinante en el desarrollo de la nueva
configuración del mundo.
En este sentido, pueden ser un buen medio de continuar el diálogo
iniciado hace un año en Ottawa y, al mismo tiempo, una magnífica
oportunidad para incursionar en nuevos terrenos, igualmente fundamentales
y necesarios para la reflexión que nos reúne en este
foro.
Agradecemos profundamente a todos ustedes su presencia y su participación
en esta segunda Reunión Informal que llevaremos a cabo en
México y que, con el gran interés, la colaboración
y entusiasmo de todos, representará sin lugar a dudas un
paso adelante en la consolidación y la permanencia de este
foro en favor del diálogo cultural internacional.
Con esta certeza, no me resta más que declarar, hoy lunes
20 de septiembre de 1999 en este Centro Cultural Santo Domingo de
la ciudad de Oaxaca, formalmente inaugurados los trabajos de la
segunda Reunión Informal de la Red sobre Políticas
Culturales.
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